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"Un día de lluvia puede no acabar nunca"


He abierto el equipaje. He depositado con un cuidado infinito, como si fuera un niño de pecho que necesitara arrullo, todo lo que contiene esa maleta encima de la cama. Hay blusas bien dobladas y pantalones oscuros para cualquier ocasión. Hay también cinturones, un jersey rojo con el cuello de pico y una chaqueta de piel que abrigue si la noche se llena de humedad. Luego he extraído los zapatos de su bolsa protectora y los he colocado en la parte baja del armario. Qué silencio escucho...qué enorme silencio. Queriendo conjurarlo he abierto el iPad y he buscado, como siempre a esta hora, a alguien que pueda acompañarme sin molestar. Y la he dejado cantando, solo interrumpida por algunos molestos anuncios que aparecen entre las canciones y que estropean el éxtasis de oírla. Es ella, Norah Roberts, como tantas otras veces. La ropa interior se ha quedado en la maleta y todo junto ha ido encima de una silla, una especie de banco sin respaldo, tapizado de crema, que hay al pie de la cama. Me he sentado después algo cansada, tengo los pies molidos y un aire de quietud me hace cerrar los ojos. Si pudiera dormir...pero no tengo tiempo. 


El ruido de la calle llama mi atención. Hay un bullicio cierto de viernes por la noche. Parejas que se miran a los ojos, otros que andan de la mano. Algunas familias que vuelven del cine. Todo está a punto de empezar de nuevo. El rito de la diversión, el del encuentro. Quién sabe si esta vez será posible, quién sabe si esta vez vendrás aquí, sin retrasarte, sin excusas sobre el tráfico, sin mentir, sin inventar una historia que nadie va a creer, ni siquiera yo, que lo creo casi todo si lo acompañas de un beso en el aire. Empieza la noche y la espera. Estaré esperando que llegues como hago otras muchas veces. Desplegaré sobre la cama el vestido que escogí porque sé que te gusta. Usaré en el baño todos los potingues que me he traído sin olvidar ninguno. Ese perfume tras las orejas y unos pendientes que brillan suavemente, que avisan de mi presencia y que te dicen que quiero que me beses. Esperaré. Si acaso llegas no sabré qué decirte. Tanta ha sido la espera y tan poco eres tú después de todo. 

(Fotografías de Irving Penn) (Verso del título de Ida Vitale) 
(16-11-2018)

Comentarios

Pablo Saldaña ha dicho que…
Gracias por compartir esta maravilla. Saludos
Cathy L. B. ha dicho que…
Gracias Pablo. Vuelve por aquí cuando quieras. Estás en tu casa.

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