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Si Shakespeare lo dice, alguna razón tendrá


SONETO 116

Permitid que no admita impedimento

ante el enlace de las almas fieles
no es amor el amor que cambia siempre por momentos
o que a distanciarse en la distancia tiende.

El amor es igual que un faro imperturbable,
que ve las tempestades y nunca se estremece.
Es la estrella que guía la nave a la deriva,
de un valor ignorado, aún sabiendo su altura. 

No es juguete del Tiempo, aun si rosados labios
o mejillas alcanza, la guadaña implacable.
Ni se altera con horas o semanas fugaces,
si no que aguanta y dura hasta el último abismo. 

Si es error lo que digo y en mí puede probarse,
decid, que nunca he escrito, ni amó jamás el hombre.



Marianne Dashwood amaba Shakespeare y sus sonetos. Su preferido era este 116 porque Marianne estaba enamorada del amor y ponía en su amado todas las buenas cualidades, las virtudes y los dones necesarios para que ese amor tuviera sentido y no fuera inútil ni incapaz. Pero, tal y como sabía su creadora, Jane Austen, que la convirtió en una de las dos protagonistas de "Sentido y sensibilidad", las cosas no siempre son así. 

Demasiadas veces nos enamoramos de alguien que no existe. Cuando ese alguien tiene buena fe, no ha de achacársele engaño alguno. Simplemente nuestro temperamento nos lleva a adornar al objeto de nuestro amor para así convencernos de que lo merece, de que esa entrega única que supone poner en manos de otro lo que somos, tenga razón de ser. Pero si la persona en quien depositamos nuestro más noble sentimiento no opone a nuestra generosidad la contrapartida necesaria, si no hay reciprocidad o si oculta algo que, en esos momentos, no podemos verlo, entonces se convierte en un impostor, en alguien que atrapa algo que no le pertenece. 

"No es amor el amor que cambia siempre por momentos" dice Shakespeare. Como muchas de sus frases geniales el tiempo ha ido demostrando que son intemporales y que la naturaleza humana se ve reflejada de forma exacta en ellas. No es amor el amor que únicamente actúa por interés, por acomodarse o que, todavía más frecuente, se deja querer sin más. Por eso, cuando el enamoramiento pasa nos preguntamos quién es esa persona, qué sabemos de ella, qué quiere de nosotros, por qué nos ha entretenido tantas horas si, en realidad, no merece la pena, porque el fondo de su corazón está turbio a nuestros ojos. 

Marianne Dashwood recitaba el poema a la luz de las velas, en esas noches cómplices con el hombre del que creyó estar enamorada y del que creía recibir amor. Pero el amanecer de los días, el transcurso de las horas añadió nuevos datos a la historia y la hizo entender que no es oro todo lo que reluce y que amor es una palabra demasiado grande para quienes actúan como ladrones en noche de tormenta. 


(Imagen: Kate Winslet es Marianne Dashwood en la versión cinematográfica de "Sentido y sensibilidad" dirigida por Ang Lee" 

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