Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2018

"Rebeca" de Daphne du Maurier

Imagen
Daphne du Maurier (1907-1989) publicó este libro en 1938 y dos años después Alfred Hitchcock dirigiría su película de igual nombre con Laurence Olivier y Joan Fontaine como protagonistas. Este es uno de esos casos infrecuentes en que la adaptación cinematográfica no desmerece del libro y el libro no defrauda después de ver la película. Ambos, libro y película, obras maestras.  La historia es conocida: una joven muchacha de la que no se dice el nombre en toda la novela, está en Montecarlo como señorita de compañía de una impertinente y acaudalada señora, Edith Van Hopper, una snob, que está encantada de relacionarse con gente importante. En el mismo hotel se encuentra Maximilian De Winter, señor de Manderley, de una acrisolada familia inglesa, que intenta recuperarse de la pérdida de su esposa, la bella Rebeca, que se ahogó en las aguas cercanas a Manderley hacía un año.  Es ese carácter tan entrometido y curioso de la señora Van Hopper el que, ella misma lo reconoce en

"Una educación" de Tara Westover

Imagen
Esta es la historia de Tara Westover que nació en las montañas de Idaho y nunca fue a la escuela infantil, ni a la primaria ni al instituto. Su primer encuentro con las aulas tuvo lugar en la universidad. Es, también, la historia del aislamiento de una familia con ideas propias, dirigida por un padre que se creía en posesión de la verdad y que construyó un castillo en el que nada era transparente. Pero, sobre todo, es la constatación de que uno puede cambiar su destino y que la educación es un elemento de importancia extraordinaria para lograr ese cambio.  Puede que la ira que Tara Westover almacenó durante sus años de universidad, dándose cuenta de que la vida que había llevado hasta entonces era castradora, y que la actuación de sus padres con ella y sus hermanos era la causa de esa castración, puede que esa ira lograra almacenar sus recuerdos intactos para devolverlos en forma de escritura. Como ella dice en alguna entrevista, escribir es la manera de cerrar el círculo y aban

La trampa del cariño

Imagen
Adéle tiene una voz aguerrida y lanza notas al aire con la facilidad de un paso de baile. Va subiendo de intensidad la música y entonces, cómo no, se descosen las costuras del alma y tienes que volver a la vida. Has guardado en el último cajón del pensamiento todo lo que le atañe, pero la música es la llave que abre los recuerdos. Y la fatídica trampa del cariño, que convierte en una nítida sensación de pegajosa ausencia tantas horas en las que has procurado no pensar. Paseas por los jardines imaginarios en los que el olor de las plantas te consuela, recorres con los pies desnudos esas playas que nunca pisarán sus pies, pero, a pesar de todo, tienes que intentar recomponer el gesto, porque ninguna mujer debería echar de menos lo que es un motivo de duda, de desconcierto, de pesadumbre. Nadie tendría que vagar en los sueños inexistentes, ni despertarse con pesadillas de lo que no ocurrió porque no había motivos. La voz de Adéle se curva, sube un recodo y te planta arrib

"El misterio de la casa roja" de A. A. Milne

Imagen
Resulta muy tierna la historia de este hombre, Alan Alexander Milne (Londres, 1882-Sussex, 1956). Podíamos decir que su amor por la familia le jugó malas pasadas. Y su literatura siguió caminos irregulares, quizá intentando formatos que no eran los suyos y dejando de lado lo que mejor se le daba. Es un personaje extraño, del que hay pocos datos en castellano y que merecería, quizá, una investigación más a fondo. Uno de esos autores que pasan a la historia de la literatura por algo que ellos mismos no imaginaban que trascendiera.  A. A. Milne (como firmaba su obra) tuvo un único hijo, Christopher Robin y quiso dedicarle una serie de cuentos y poemas en las que el niño era un personaje más. En esos cuentos estaba acompañado por sus propios juguetes, sus peluches. Así nació la serie de "Winnie the Pooh" , que alcanzó una enorme fama y que recibe todavía culto en Inglaterra. El oso, el niño, sus amiguitos, eran, en apariencia, una forma de expresar amor de padre, pero pa

Una Jane Austen de quince años: Amor y amistad

Imagen
!Qué libro tan precioso! Esta es la primera frase que quiero escribir, la primera sensación que he sentido. Precioso en su contenido, unos textos increíbles que no parecen escritos por una muchacha tan joven, de catorce a dieciséis años, y que revelan el talento a manos llenas, el talento en estado puro, el aviso cierto de que Jane Austen es una escritora inmensa.  Recojo de la solapa del libro, que ha editado con amor la editorial Alba , tan cuidadosa siempre en su selección y en la edición de sus libros, una definición de la literatura de Austen que no puede ser más pertinente y cierta: "Satírica, antirromántica, profunda y tan primorosa como mordaz" Estoy tan de acuerdo que quisiera que leyeran este libro todos aquellos desinformados que incluyen a Jane Austen en corsés que no se ajustan a lo que fue, a lo que es, porque la literatura siempre existe en presente. Ni fue una escritora romántica, ni lo fue victoriana, ni era gótica, ni seguía la tradición de su época.

"Patrick ha vuelto" de Josephine Tey

Imagen
Este es el tercer libro que leo de Josephine Tey . Los otros dos, publicados también por la editorial Hoja de Lata , son "La señorita Pym dispone" , de 2015 y "El caso de Betty Kane" , de 2017. He de decir que este último es el que me ha gustado más de los tres, el que tiene un aire más pícaro y, a la vez, detallista y delicado.  Patrick, el que vuelve, es el mellizo de Simon, uno de los hijos de la familia Ashby, huérfanos de padre y madre, a cargo de la tía Bee. Todos lo creían desaparecido en circunstancias trágicas, todos pensaban que era caso cerrado, pero un tal Brat Farrar llega al pueblo de Clare y asegura ser el mellizo desaparecido.  Los lectores sabemos desde el principio que es un impostor. Hay alguien que mueve los hilos y que quiere aprovechar la circunstancia de la enorme fortuna que heredará a su mayoría de edad el mayor de los mellizos, en este caso Patrick. En este sentido, la autora muestra su complicidad con los lectores y les hace par

Montmartre, por favor

Imagen
Nadie está solo si se sienta en Montmartre y abre un libro. En cualquiera de sus cafés de color rosa puede encontrarse el motivo para descubrirse. Estoy aquí, he venido y sé que ahora esta paz me rebosa. Todas las mesas se llenan de libros y personas. Y las ventanas verdes de madera se abren por tiempo indefinido. Nadie sabe cuándo se cerrarán, nadie lo sabe. No hay fechas, ni anuncios, ni aviones que sobrevuelan, ni huelga de pilotos. El suelo está hecho a base de paciencia. Legiones romanas cruzaron las calles y colgaron de cada casa un refrán. Están todos convertidos en sentencias imposibles.  Acuérdate de aquellos días. Era septiembre. Un septiembre más crepuscular, con horas más tardías y sueños más tempranos. Ese vestido a rayas y ese sombrero gris, con el tono de la perla natural que solo se encuentra en las islas más griegas. Acuérdate de las miradas. Tersas miradas sin ocultaciones. Miradas que esbozaban sonrisas. Gente que nos miraba. Nos mirábamos. Recuérdalo. Era se

"La bailarina" de Ogai Mori

Imagen
Pocos libros tan deliciosos como este. Tan pequeños y a la vez tan delicados. Tan sencillos y tan profundos. Y la edición de la editorial Impedimenta está a tono con el carácter íntimo y sensual del contenido. Ogai Mori (1862-1922), como muchos de los escritores orientales, es un desconocido para nosotros y resulta una pena. Porque la literatura japonesa es de una belleza deslumbrante y porque es difícil encontrar textos con una apacible sucesión de hechos que te conducen tan  suavemente  al placer y al dolor. Esa dualidad, siempre presente en el Oriente, es aquí tangible y puede apreciarse en cada línea.  Es casi una alegoría, un sueño no cumplido. El encuentro entre un joven estudiante japonés con una bailarina alemana, sin recursos económicos pero con una inusual belleza. El arte de la seducción en estado puro. Ogai Mori, cuya vida está llena de hechos poco comunes, terminó Medicina con solo diecinueve años y vivió en Europa, concretamente en Alemania, entre los años 1884 a

El hermano perdido de Jane Austen

Imagen
Cuesta trabajo encontrarle la pista. Incluso algunas noticias sobre ella hablan de que fueron siete hermanos. Y, si citan ocho, hay siempre un nombre que falta. Te pones a contar y no lo encuentras. En la edición, por otra parte muy buena, que edita Cátedra. Letras Universales, con edición y traducción de Juani Guerra, se relacionan los miembros de la familia Austen-Leigh: "El hermano mayor, John (1765-1819) era muy estudioso". Y sigue: "A John le seguía Edward (1769-1852), persona muy constante y trabajadora". Continúa la explicación de este modo: "Luego venía Henry (1771-1850), el hermano favorito de Jane Austen: era ingenioso y muy vital" . Guerra añade unas páginas después: "Y llegamos a Cassandra Elizabeth (1773-1845), su única hermana y mejor amiga" Para concluir: "Por último, Frank (1774-1865) y Charles (1779-1852) acuden a la Royal Naval Academy de Portsmouth...y llegarán a ser almirantes".  Vamos a contar: uno, d

"Los Watson" de Jane Austen

Imagen
Las novelas inacabadas producen una extraña sensación de desencanto. En esta, la última página cuenta, en un pasaje que añadió James Edward Austen-Leigh, sobrino de la escritora, lo que supuestamente le contó su tía Cassandra que ocurriría. Pero nada de eso es lo mismo. Y este James Edward es relativamente de fiar, porque en lo que ha escrito de su tía ha ocultado mucho, demasiado. Sobre todo, no es lo mismo relatar el argumento en tres renglones que gozar de la maravillosa prosa de Austen. Pero es lo que hay. Y es un bonito intento en el de la editorial presentar la obra, sobre todo acompañada con ilustraciones tan bellas que le da un aire de cuento de hadas al libro.  La historia, de apenas cien páginas incluidas las ilustraciones (no sabemos cómo hubiera quedado si Jane Austen pudiera haberla escrito entera) nos presenta a una serie de familias (suficiente para que un relato tuviera consistencia), que habitan en Surrey y que van a acudir a un baile, nada menos que al pr