La duda


(Foto: Cindy Sherman)

Así fue para todo: un laberinto. Papeles encendidos que nunca se cruzaron. Cartas llenas de versos que en besos nunca fuiste. Todo eso, sin saber, apenas para nada. Una canción fingida, una noche en lo oscuro. La lámpara encendida te recuerda que ahora, sin que nadie lo intente, sin que nadie lo pida, estás amaneciendo y recordando apenas que ya te lo advirtieron, que antes que tú la gente lo sabía de corrido y te engañaste sola, al margen de los tiempos. No tengo ya que darte nada más que la huida, la mirada sin rostros, el pelo agazapado, las manos que no tocan, el viento que no silba, la nada, más que todo, en ti, sin duda, existe. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

El verano es (también) tiempo de lecturas

Historia de un narcisista: incapaz de amar

Los tres golpes de Tomás de Perrate

"Diario de una soledad" de May Sarton

Leyendo a Alberti, con un cuadro de Sisley