Me dices que te cuente


(Katharine Cooper, Sudáfrica, 1978)

Contar viene de cuento y de relato. Contar números es relatar la historia de un problema de matemáticas. Las niñas que cuentan cuentos algún día escribirán historias. Cuento, relato, historia. La palabra. La niña vuela cometas, corre por las huertas, recoge caracoles, colecciona gusanos de seda. La niña se peina en la azotea, rebusca en el verdín, se esconde del levante. La niña camina a saltos, pisotea los charcos y levanta nubes de polvo con los pies descalzos. La niña inventa una aventura, observa las formas que la pared dibuja, se lanza a la escalera de dos en dos los pasos. 

La niña, de mayor, escribe cuentos, relata sensaciones, llena cuadernos de frases cortas y largas, enhebra las agujas del recuerdo, remoza la nostalgia, anuda sentimientos, alegra sensaciones, mira hacia un lado y otro encontrando la música de cuanto le acontece. La niña derrama, de mayor, tesoros. Solamente los corazones limpios pueden recibir la lluvia fina de su verbo. 

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