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"Amor no correspondido" de Barbara Pym

   Entiendo a Dulcie Mainwaring aunque no sé si al final, cuando ya no la veamos, (porque el desenlace queda abierto) cometerá el "error" de casarse con alguien inapropiado. Entiendo su papel de espectadora de la vida, eso que no podemos evitar aunque nos gustaría. Quién no querría ser protagonista...Y su sensatez mezclada con el atrevimiento de querer saber. Y, por supuesto, su dedicación a la lectura, algo que los hombres "no comprenden ni les gusta". 
   En su entorno pasan "cosas" y ella habla de "cosas". Esto le encantaría a Margaret Dashwood, o, al menos, eso decía en aquella escena de "Sentido y Sensibilidad". No habla de este libro la novela pero sí de "Mansfield Park", porque Aylwin Forbes da a su corazón un giro sentimental que compara con el del protagonista de Jane Austen: "Edmund se había desenamorado de Mary Crawford y había empezado a sentir afecto por Fanny". Así es Aylwin (muy guapo, rubio con ojos oscuros y bebedor de ginebra), un hombre que se concede a sí mismo toda la importancia del mundo. Y que convierte un fracaso en un posible nuevo triunfo. Es cierto que aquí todo es mucho más rápido, pero es que la acción en Barbara Pym es bastante vertiginosa, como si fuera una novela de espías o de misterio. Aunque lo que cuenta son "cosas" sencillas, lo que cualquiera de nosotros vería si mirara a su alrededor. 
   Aylwin Forbes es un "libertino", un tipo muy atractivo, casi en la cincuentena, guapo a rabiar, inteligente, dotado de ese aura intelectual que gusta a todas las mujeres sin excepción. Hacerle un favor a alguien así te sube la autoestima. Que alguien así se fije en ti te convierte en un ángel alado. Eso piensa la pobre Viola Dace, enamorada de él, súbdita suya, que le organiza los libros y lo hace sin cobrar, como si fuera un gran honor para ella. Así lo pensó, en su momento, su esposa, Marjorie, que, de todas formas, ha perdido toda la ilusión por alguien que, por muy guapo que sea, no le aporta nada más que sinsabores. Por eso viaja en tren y mejor en la zona cara porque "nunca se conocía a nadie interesante viajando en segunda". Así lo piensa Laure, la joven sobrina de Dulcie, que vive en las madrigueras de jóvenes que convierten algunos barrios de Londres en el paraíso de la modernidad de los años cincuenta. 
   Dulcie acaba de ser abandonada por su novio, Maurice, quien, bajo el pretexto sobado y falso de que no está a la altura de ella, la convierte en una mujer sola. Lo que resulta muy difícil. El paso siguiente, cuando sea más mayor, es convertirse en una mujer invisible. Y de ahí, una mujer cascarrabias, una mujer detestable, una mujer absurda. Esta novela está llena de mujeres abandonadas o rechazadas. Viola, Dulcie, Marjorie, la feligresa que pone en peligro su reputación al confesarle su amor a Neville Forbes, la señora Forbes, la señora Beltane... Pero esas mujeres no dejan de pisar la calle, aun con su poco favorecer atuendo de traje de tweed, zapatos bajos y sombreros de fieltro oscuros. Solo si eres una mujer amada y rodeada de hombres que te admiran te puedes permitir un "frívolo sombrerito de terciopelo rosa". 
   Un aire de comedia cruza el libro. Nada de frases grandilocuentes, de prolijas descripciones, de paisajes inacabables. El sencillo relato adobado de detalles imprescindibles, el color local, las costumbres, la comida en la mesa, las lámparas y las cortinas, los vestidos, el jaleo de subir al autobús, el misterio de coger el tren, la tranquilidad de cruzar en taxi la ciudad...Algunos pensamientos impagables: Lo que piensa Aylwin de Dulcie "aún conservaba en la mirada aquel fulgor ambicioso y vulnerable que algunas mujeres no perdían jamás". Lo que siente Dulcie al volver a encontrarse con Maurice, el novio que la dejó plantada: "...cuando fue capaz de analizar sus sentimientos se dio cuenta de que lo que le había asaltado durante su breve encuentro con Maurice en la galería de arte no era su amor por él, sino el recuerdo de la desdicha que él le había causado". Y algunas verdades: "...puede ser que hombres y mujeres se eviten mutuamente, aunque los hombres no siempre se den cuenta de que no son los únicos que lo hacen". 
   Admirable resulta que Dulcie Mainwaring no se haya convertido, pese a todo, en una mujer desesperada a la caza de quien sea, ni en una descreída, ni en una aburrida matrona. Sin amargura, aunque con dolor; sin odio, aunque con prevenciones; sin desesperación, aunque con la sensata sensación de que no todo es el amor y no todo son los hombres. Dulcie no renuncia a la vida y la halla en cada persona que la rodea, en cada acto que realiza, en cada indagación que su cabeza planea. Es verdad que ahí están los libros y, aunque no sabemos qué libros lee Dulcie, tenemos la exacta convicción de que despliegan su fuerza en torno a ella y la convierten en una mujer excelente. Así son las mujeres de Barbara Pym.
   Lo que comienza en un congreso literario (lleno de mujeres de mediana edad y de egocéntricos escritores o críticos), continúa en la casa victoriana con escalera y jardines de la protagonista, en las tiendas de flores, en los cafés donde el té es el rey, en los trenes, taxis y autobuses, en un hotel de la playa, en algunas iglesias y castillos. Sin perdernos en vericuetos ni en merodeos, con el carácter práctico y de ir al grano que caracteriza a la autora todo el asunto respira realidad. Mujeres que leen libros, que corrigen pruebas, que estudian, que cocinan, que regentan establecimientos, que se enamoran y que cometen errores. Y ellos, los hombres, que saben tan poco de mujeres. "¿Cómo fui capaz de amar a alguien así?"


Amor no correspondido es un libro escrito por Barbara Pym, editado en su versión original en 1961 con el título No Fond Return of Love y editado en castellano por Gatopardo Ediciones en 2017, con la traducción de Irene Oliva Luque
La imagen de la cubierta representa la Estación Victoria, Londres, 1951 y la fotografía es de Toni Frissell. 
Este es el segundo libro que Gatopardo Ediciones publica de esta escritora, el primero fue Mujeres excelentes. 
Barbara Pym nació en Oswestry, Shropshire, en 1913. Se licenció en Literatura inglesa en St. Hilda´s College, en Oxford. Murió en 1980.

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