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"Jane Austen en la intimidad" de Lucy Worsley

En 1814, cuando contaba con 39 años, Jane Austen viajó sola en diligencia desde Chawton Cottage, en el condado de Hampshire, hasta Londres, donde tenía que negociar la publicación de una de sus novelas. Allí, en este y en otros viajes parecidos, pudo hacer algunas de las cosas que más le gustaban: asistir al teatro (adoraba a Sarah Siddons), ir de compras (las medias de seda eran sus favoritas), cambiarse el peinado o contemplar y hacer suya la última moda en mangas, la manga larga que sustituyó a la manga de farol de su juventud.

A la muerte de Jane Austen y con el aumento de lectores de sus novelas y su posterior rehabilitación ante el mundo literario, su familia intentó ocultar muchas facetas de su personalidad y detalles de su vida. La biografía que escribe su sobrino James Edward incide en esta línea de ocultamiento que había comenzado su hermana Cassandra, mayor que Jane tres años, que destruyó mucha correspondencia, desde luego toda aquella que demostraba a las claras el carácter mordaz e irónico de la escritora.

Todo esto le ha hecho un flaco favor a la investigación sobre su vida y obra. Pero, sin embargo, no cesan de aparecer estudios que, buscando en fuentes muy diversas, sacando conclusiones de la bibliografía existente o con investigaciones nuevas, arrojan alguna luz a la vida de Austen. Este es el caso de Jane Austen en la intimidad, el libro de Lucy Worsley.

Si alguien espera encontrarse noticias banales y frívolas de bailes y cotilleos, o solamente eso, se equivoca. El retrato que se traza de la sociedad georgiana es espléndido. Es un tiempo histórico delirante que sumergió al Reino Unido en una guerra continua durante años. Es más, la vida de Jane Austen está presidida por el estado de guerra. Apenas unos años se vio libre de ella. Y ese trasfondo histórico, por más que solo aparezca matizado en sus libros, lo vivió muy de cerca a través de sus hermanos y parientes.

Además de la historia, está el aspecto social. La vida de las mujeres de su clase, clase media rural, pseudogentry, como la define Worsley acertadamente, tenía como ejes la familia y el matrimonio y como castigo la dependencia de los elementos masculinos. Toda su vida esta diseñada para casarse o para depender, primero de su padre, luego de sus hermanos varones. Y así fue con la excepción de ese dinero de bolsillo, ingresos propios, que sus libros le darían al final de su vida y en muy escasa cuantía. Por eso ella se desquitó y su última novela escrita, que no publicada, fue la inteligente Emma, rica, guapa y sin depender de nadie. Es ese su ideal de mujer llegado el momento. Y el señor Knightley el hombre de todas las prendas.

El libro quita importancia a algunas afirmaciones familiares en torno a la escritora, hechas con la intención de que no se conocieran ciertos rasgos de su carácter, menos dulces, amables y apacibles de lo que se consideraba normal en una mujer de su época. Esto resulta muy interesante. Aunque era algo que podíamos intuir. Y saca a la luz, de manera indiscutible, otras, como sus sucesivos pretendientes, los hombres que la amaron y a los que amó ella mucho menos. Cinco o seis nombres que nos hacen pensar si la soltería de Jane Austen no fue, simplemente, una opción. O si puso en la balanza su independencia (a pesar de todo), y la vida de familia en la que la mujer criaba hijos y complacía sin más a su marido. 


Comentarios

Tabuyo Alonso ha dicho que…
Tenía mis dudas con esta novela pero por lo que cuentas me apetece conocer ese lado íntimo y familiar de la escritora y la sociedad georgiana. Al final terminaré por comprarlo.

Una estupenda reseña. Un besote.

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