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Me falta una palabra


(Mary Jane Ansell)

En algunos momentos solo preciso alguien que me quiera. Da igual hombre o mujer, planta o árbol nacido de la tierra. No menciono a los gatos y a los perros porque ellos no me entienden, no estamos hechos el uno para el otro. Solo preciso alguien que me quiera y así me muestre yo como una mariposa con las alas abiertas, doradas a la luz, ronroneando, cubierta entera de hojas crujientes y saladas, sin otro requisito que la vida. Que me quiera y entone conmigo cualquier verso, de esos que se esconden en el desván de la memoria y que solo aparecen cuando lloras o cuando el viento del otoño te obliga a resguardarte en una aburrida nostalgia que no esperas. 

No preciso que me hagan el amor (el amor ya no existe), ni que vuelquen en mí los adjetivos de una admiración sin tregua, tan falsa como el oro que acuñaban los belgas; ni que me regalen flores, libros o cuadernos (quizá escriba en ellos luego la pérdida de la noche o de la espiga). Solo preciso alguien que me quiera, así, sencillamente, sabiendo cómo soy, cómo me esmero en contar lo que siento sin ocultar detalle, cómo relata mi voz de Sherezade las historias cotidianas que nadie más contaría. Así en ese único resplandor de los amores ciertos, de los que no se apagan cuando el teléfono se queda mudo, de los que no se guardan en un ladrillo o en un puzzle incompleto cuyo dibujo nadie ha reconocido nunca. 

Es en esos momentos, los de ahora, cuando preciso solo que alguien me quiera. Que entre sin pedir permiso en las horas de insomnio, que levante el velo de las preocupaciones y emita una carcajada obscena, que no vea la mujer cansada sino la mujer nueva, que no reproche, ni venza, ni mienta, ni oculte ni desgarre. Eso es lo que preciso. Y no esto. Nada de lo que nace de ti es lo que deseo. Tu voz se ha volcado en un saco de arena y ha perdido el sonido. Me falta una palabra y no es la tuya. 


(El título corresponde a un verso del poeta Ángel González) 

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