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"Harriet" de Elizabeth Jenkins


Intenso, demoledor, desasosegante, duro, frío, terrorífico. El libro de Elizabeth Jenkins te ofrece un comienzo engañoso. Parece que todo se reduce a una muchacha mal dotada intelectualmente, pero con dinero, y a un tipo egoísta y necesitado de pasta. Pero no es verdad. Nada es tan sencillo. El juego de personalidades enfrentadas en esta novela exigiría un estudio psicológico y mucho tiento para discernir a qué se debe la extraña relación entre los hermanos Oman, Lewis y Patrick; o la soterrada envidia plagada de angustia que vive Alice en relación con Harriet; o el papel de Clara, obtusa, sumisa pero, al fin, liberada del peso de un enorme secreto.

Harriet es una chica acomodada por la herencia de su padre. Su madre está casada en segundas nupcias y trata cariñosamente a su hija, comprende sus limitaciones, acepta sus caprichos y sabe que, en el fondo de su cerebro opaco, hay bondad y deseos de ser feliz. Quién no quiere casarse de blanco y con sedas...

La madre de la muchacha sospecha, sin embargo, que nadie se acercará a su hija con buenas intenciones. Y teme que, si aparece en el horizonte uno de esos tipos relamidos y manipuladores, ella caiga sin remedio, porque sueña, esa facultad que no ha perdido y que la va a abocar a la desgracia. Permitirse soñar es un lujo si una no es suficientemente avispada.

Por eso su madre luchará con todas sus fuerzas para evitar que caiga en manos de un atractivo caza fortunas sin escrúpulos. No logrará nada. Esto no es Washington Square y lo que allí se desliza con lentitud segura al melodrama casi feminista, con esa sutil venganza de la heredera, aquí es suciedad, miseria, canallada en estado puro. Lo que Lewis y su hermano Patrick hacen con Harriet, con la ayuda de Alice y de Elizabeth es, sencillamente, un crimen.

La novela se escribió en 1934 y constituyó un enorme éxito. Recreaba un hecho real, eso que tanto gusta a los públicos e incita a los escritores. El misterio de Penge, así llamado, asombró a la sociedad victoriana allá por 1877. Pero las historias de seducción y engaño son el pan nuestro de cada día y la búsqueda de una buena posición económica por parte de los desaprensivos no deja de ser un lugar común que pervive hasta nuestros días. Un hombre guapo y sin dinero siempre tiene la tentación, sobre todo en esos tiempos en los que el beneficio era poco y el oficio ninguno, de lanzar la red para que caiga en ella alguna mujer inocente, crédula y, por supuesto, con una buena dote económica. Lo que no es tan usual es el encarnizamiento con que Harriet es tratada, la forma cruel y devastadora en la que ella y su hijo sucumben a la maldad de los otros.

Comienza siendo una historia de casamientos y amoríos para terminar en un drama judicial, condenas incluidas. El mal sabor de boca que nos deja a los lectores las acciones llevadas a cabo por esa banda sin principios, que en ningún momento es capaz de sentir culpabilidad por lo que han cometido, es mérito de la autora, que conduce la narración de la forma más verídica posible. No hace falta, no obstante, añadir demasiado. Este es uno de esos casos en que lo hechos hablan por sí solos. 

Harriet de Elizabeth Jenkins. Ediciones Alba. Colección Rara Avis. Traducción de Catalina Martinez Muñoz. Septiembre de 2013

Elizabeth Jenkins (1905-2010), tuvo padres ilustrados y una buena formación. En la Segunda Guerra Mundial asumió un activo papel ayudando a refugiados judíos y a víctimas de los bombardeos en Londres. Además, fue una de las fundadoras de la Jane Austen Society. Escribió las biografías de Jane Austen, Lady Carolina Lamb, Henry Fielding e Isabel I de Inglaterra. 

Su primera novela fue Virginia Water, 1929. A continuación escribió Harriet, que recibió importantes premios y tuvo una acogida fenomenal. Siguió escribiendo novelas hasta su muerte, con ciento cinco años. 

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