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Mostrando entradas de abril, 2017

"La señora Jenny Treibel" de Theodor Fontane

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Leí hace algún tiempo la que se considera obra maestra de Theodor Fontane (1819-1898): Effi Briest . De ella hizo una versión cinematográfica muy notable R. W Fassbinder en 1974. Theodor Fontane , maestro del realismo literario alemán, plasmó en ese libro las contradicciones de la sociedad moderna con respecto a las mujeres. Las tensiones que la sociedad industrial generaron en las clases medias y la manera en que las mujeres se incrustan en ellas como si fueran apéndices y no tuvieran otra cosa que hacer que agradar es una temática recurrente en este escritor. En Effi Briest un matrimonio de conveniencia dará al traste con las posibilidades de felicidad de la protagonista. Las rígidas costumbres de la sociedad prusiana traerán, además, la desgracia a la protagonista y a su engañado marido. En este libro de ahora, La señora Jenny Treibel , vuelve a tratarse el tema de la elección entre lo que debe hacerse y lo que se desea hacer. (Afiche de la versión para el cine de E

En la ventana

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Realmente, dice ella, esta es una despedida inútil. Sé que no leerá estas palabras. Está demasiado ocupado, su cabeza anda enfrascada en temas importantes. El amor es un sucedáneo del aburrimiento, así que no le prestará atención. Me despido, entonces, no de él, sino del amor que le tuve. Lo dice mientras agacha la cabeza, abate los ojos y sonríe tristemente. Esa es una tristeza sobrevenida, pienso. Ella ha perdido la alegría. Se ha quedado secuestrada en cualquier encuentro baldío. En una conversación venida a más por la rabia y la indiferencia. Realmente, dice ella, no debería decir nada, puesto que el silencio ha sido mi santo y seña todo el tiempo. Cómo terminar lo que no ha empezado, continúa. Si entonces, cuando mi corazón saltaba al presentirlo, mis palabras nunca confirmaron su latido, qué sentido tendría ahora, cuando ya sé que la inutilidad golpea mis pasos y al final de ellos no hay ningún atisbo de su presencia. Ella mira a lo lejos, entreabre los ojos y guarda en el

"El viaje de Octavio" de Miguel Bonnefoy

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Esta es la primera novela de un joven escritor de padre chileno, madre venezolana y nacido en París. Un cruce de caminos que le ha venido muy bien para documentar y argumentar el texto. Miguel Bonnefoy nació en París, en 1986 y estudió Literatura en la Sorbona. Los datos de venta del libro atestiguan que está obteniendo rápidamente el favor del público y también los premios que ya ha recibido: el Premio Edmée de la Rochefoucauld para escritores noveles, el Premio Fénéon y el Premio de la Vocation que, antes de él, obtuvieron también autores tan reconocidos ahora como Joël Dicker y Amélie Nothomb, de quienes hemos recogido reseñas en este blog.  El libro ha sido escrito en francés, aunque se trata de un escritor bilingüe en francés y castellano. La editorial Armaenia en su sección Narrativa ha encargado la traducción a Amelia Hernández Muiño.  El protagonista del libro es Octavio , un hombre alto, fuerte y habilidoso que vive en la barriada de San Pablo del Limón . Co

"Manchester frente al mar" de Kenneth Lonergan

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(Lee Chandler ha de soportar la pérdida de las personas queridas y seguir viviendo sin tener claro qué objetivos van a llevarle a ello, automáticamente, sin esperanzas) Dos emociones poderosas y arrasadoras aparecen en el fondo y en la superficie de esta película. La culpa y la pérdida. Ambas enlazadas. Quizá siempre estén enlazadas en la vida real. Nos sentimos culpables de aquello que perdemos. La pérdida en sí siempre genera culpa. Cassey Affleck ( Lee Chandler ), el protagonista, es un hombre desarraigado, inconcluso, imperfecto, lleno de dudas y de vacilaciones que son fatales. Un olvido puede desencadenar una tragedia. Y su vida, que podía parecer adecuada, con tres hijos y una esposa, un padre y un hermano que lo quieren, no acaba de cuadrar. Es de esas personas que no se hallan a sí mismas. Y si uno no se encuentra a sí mismo, la desolación terminará por echarte de todos lados. Su hermano Joe, en cambio, es un hombre cabal. Acepta la enfermedad y cubre los pecados de

Días de libro sin rosas

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Camino a mi paso (leve, a veces; en otras ocasiones, rápido; incluso moviendo las caderas como las modelos) y recorro la Ronda de Triana y luego sigo por López de Gomara y bajo por República Argentina. Sé lo que busco y adónde voy.  Todo el camino el móvil va lanzando el alegre traqueteo del whatsapp. Esta mañana, no demasiado temprano, he enviado a mis contactos lectores y a alguno en vías de serlo (lector, digo, no contacto) una solemne felicitación: Feliz Día del Libro. A Así que ahora están saltando al aire las respuestas pero no las leo, siguen sonando en el móvil y lo hacen casi al compás de mis pasos. Me acompañan todo el recorrido.  Llego a la librería y esa librería ya no es la que era. Ha c ambiado de título y de dueño y ahora luce un nombre extraño, algo así como un gato en el palomar o una bicicleta que vuela, no recuerdo.  Para llegar a ella tengo que pasar por una pizzería que me trae un recuerdo absurdo y ridículo. Nubes oscuras en un día de sol radiante. Bah,

Un pájaro con las alas rotas

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Miraba sin ver. La calle estaba desierta a esa hora de la tarde. Hacía calor. Le sudaban las manos. Pensó en que debería volver a casa. Llevaba mucho tiempo deambulando, dando vueltas en torno al mismo sitio, una extensión de parque abierto, en el que las flores nunca aparecerían. El suelo estaba surcado de miles de pisadas. Todo parecía acabado, muerto, en una especie de contemplación del duelo, en una alarma sonora de cristales. No existía ningún atisbo de esperanza en aquel paisaje y ella lo contemplaba como si lo hubiera visto antes, como si esa no fuera la primera vez. Toda la gente se había alejado de allí. Acabada la fiesta, no existía razón alguna para permanecer expectante en ese sitio, como si esperara un milagro, como si un acontecimiento estuviera aún por venir. Ella miraba a todos lados pero no veía nada. Su vista se fijaba en un espacio interior que no tenía motivos, ni explicaciones, ni susurros, ni música. Era una voz que le hablaba de que debía seguir andando,

"Frantz" de François Ozon. Un dolor de ida y vuelta.

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La publicidad de la película dice que es una "obra maestra" y no anda desencaminada. Es una película distinta. Con una historia potente y unas interpretaciones tan exactas que no admiten crítica. Es una película emotiva, pero no sentimentaloide. Una película basada en hechos reales de los que, sin embargo, no tenemos noticia cierta. Porque tuvieron que ser muchas historias las que se enhebraron al hilo de la Primera Guerra Mundial y de otras guerras. La guerra es muy cinematográfica y, en este caso, el año 1919, la postguerra que convierte en recelosos a los franceses y a los alemanes, es el momento cronológico en el que se encuentran personas que, en otras circunstancias, nunca se hubieran conocido. Anna, la prometida del soldado muerto Frantz. Adrien, el supuesto amigo francés que va al pequeño pueblo natal de Frantz para conocer a sus padres y visitar su tumba. Una tumba vacía en la que hay flores frescas pero en la que no hay cadáver.  El destino de Anna era dedic

Elizabeth Bennet: la emoción inteligente

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Greer Garson, Curigwen Lewis, Madge Evans, Elizabeth Garvie, Jennifer Ehle, Keira Knightley, Ashley Clements, Lily James. ¿Qué tienen en común todas estas actrices? Que alguna vez hicieron de Elizabeth Bennet en el cine o en la televisión. Las tres más interesantes, desde luego, Greer Garson , que protagonizó una versión sobre Orgullo y Prejuicio en 1940; Jennifer Ehle , que hizo lo propio con la serie de la BBC de 1995 y Keira Knightley , protagonista de la película de 2005. Para mí, la más ajustada de todas ellas, teniendo en cuenta lo que el libro cuenta y lo que calla, es Jennifer Ehle y esa versión, la mejor. Pero no es de eso de lo que quiero hablar sino de ella, la verdadera, la que creó Austen en su libro: Elizabeth Bennet , tal cual. Una mujer, una muchacha, de la que, por cierto, no hay descripción física en el libro. Simplemente sabemos como era por la percepción de los otros. Figura agraciada, mirada inteligente, ojos brillantes, sonrisa agradable. Bonitos dientes, s

Día del Libro 2017 ¿Qué leer?

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Este año de 2017 se celebra el bicentenario de la muerte de Jane Austen (1775-1817) así que no podría recomendar nada mejor ni más cercano que sus libros para celebrar esta efemérides, la más adecuada del año, la que siempre ofrece la ocasión de ser felices. El Día del Libro puede traerte sorpresas que no imaginas. Puedes encontrar una obra que se convierta en el libro más querido por ti. Puedes hallar a gente que sienta como tú al leer un libro. Cuando leí el primer libro de Austen no podía imaginar que, tras ese acto tan sencillo, vendrían toda suerte de venturas literarias y personales, la entrada a un mundo especial, creado por ella y que comparto de muchas maneras. Es fácil quizá ahora hablar de la importancia y el valor de sus libros, porque se ha iniciado desde hace algún tiempo un camino de reconocimiento, pero todavía quedan muchos resabios de quienes la sitúan en un plano secundario. Cosas de mujeres, lectura de mujeres. Bah.  ¿Qué recomendación mejor podría hacer

Rendición

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Tal vez una certeza hubiera bastado. Una pequeña y clásica certeza. La llamada del sentido común, un buen consejo. Quizá la madre, sentada en un sofá de piel oscura, podría contar lo que sabe del caso y concluir que nada es sencillo y que el amor es una masa llena de aristas. Una amiga, muy experimentada, tendría que asegurar que, en su experiencia, todo lo que se dice son mentiras y que nada pervive y que los ojos tiemblan porque saben de sobra que se va a terminar antes de tiempo.  Las horas de las dudas son las que germinan en palabras transidas de dolores perfectos. Alguien contó en un rato de asueto en el trabajo, que las dudas son cosa de filósofos, que la gente normal no puede permitírselas, que si dudas, entonces estás muerto, lo habrás perdido todo en cosa de un instante. Puede que una película, un argumento vano de esos que alguien escribe en un trasnoche, te dé razón y seña de las causas, de los motivos y abone la ilusión de que nadie es perfecto, pero que nada es ta

La cuadrícula

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Cada uno de los rincones de su vida estaba blindado. La había dividido en parcelas y, en una de esas parcelas, estaba yo. Era una parcela pequeñita, virtual y sonora. En ella cabía el agua de lluvia, aunque solo una vez. También las nubes, los puentes y el vacío. En la parcela que me correspondía rara vez amanecía, solo en una ocasión pude ver cómo el café se enfriaba. Tampoco había madrugadas, las madrugadas estaban reservadas a plantas más esplendorosas. En realidad, ni yo misma sabía qué papel jugaba en todo eso, ni siquiera si jugaba a algo o si existía. Solamente de vez en cuando las gotas de agua cálida o el frío hielo, eran el indicio de que algo pasaba. Sin embargo, yo no podía controlar lo que era. No lo sabía. Ni tenía ninguna posibilidad de adivinarlo. Solo un terreno baldío, una parcela sin recalificar, sin uso, ni conciencia, ni apenas vida.  Era un hombre de éxito pero estaba asustado. El miedo se traslucía en sus ojos. Tenía las manos muy suaves, blandas, in