Ir al contenido principal

"A la intemperie" de Rosamond Lehmann

En Invitación al baile Rosamond Lehmann se detiene en la historia de Olivia cuando esta tiene diecisiete años y va a asistir a su primer baile. Cualquiera que haya tenido diecisiete años y tenido que lidiar con los preparativos, el desarrollo y las consecuencias de su presentación en sociedad, sea esta del estrato que sea, tiene una idea muy acertada de lo que se siente y lo que se anticipa. Es el tiempo de las dudas y también de algunas verdades que no pueden obviarse aunque quisiéramos. Los deseos que no se cumplen y las esperanzas que se terminan la misma noche en la que nacen. Pero también las extrañezas y el nacimiento de emociones que no esperabas y que existían agazapadas dentro de ti. Una iniciación sentimental en toda regla. 

Con esa misma perspicacia para ahondar en el alma femenina, recorrerla y mostrarla al lector, ahora podemos leer de esta autora su libro A la intemperie. Aquí Olivia es una mujer madura que reencuentra a su amor de la adolescencia y que tendrá que convivir con la ocultación y el disimulo. Mantener una doble vida requiere una habilidad especial, sobre todo en un mundo en el que la observancia social es tan estimada y salir de ella tan problemático. 

Un amor prohibido como este, donde uno de los protagonistas, el hombre, está casado, consta de muchas esperas, de muchos silencios y de expectativas que no pueden completarse. Exactamente igual que le ocurría a la Olivia joven del libro anterior. 

Escrutar el alma femenina y expresar sus emociones de una forma sincera y sin escatimar nada de lo que convierte los sueños de las mujeres en pesadillas, es un atributo de Rosamond Lehmann, quien además conoce a la perfección el mundo de la alta sociedad londinense y también el ambiente bohemio en el que los artistas se mueven y se mezclan en ritos raramente comprendidos desde el exterior. 

La autora, a la que la crítica sitúa en la misma línea estilística del modernismo literario que cultivaron Virginia Wolf, James Joyce o D. H. Lawrence, se adentra en la personalidad femenina con enorme comodidad y de esa incursión obtenemos un maravilloso retablo hecho de emociones, sentimientos, deseos, aspiraciones y unas actitudes conmovedoras que no siempre el mundo está capacitado para acoger. 

Rosamond Lehmann (Bourne End, Buckinghamshire, 1901 – Londres, 1990), la autora de A la intemperie fue hija del fundador de la revista Granta y editor del Daily News Rudolph Chambers Lehmann. También sus hermanos se dedicaron a la literatura y al teatro. Ella misma recibió una esmerada educación, estudiando en Cambridge

Su primera novela la publicó en 1927 (Dusty Answer) y la crítica la recibió con mucho interés. Después de eso otras obras suyas vieron la luz, como Invitación al baile, de 1932, que se publicó en 2015 en castellano por la misma editorial que ahora publica A la intemperie. Además de novelas, escribió una obra de teatro y una colección de cuentos. 

Es una escritora muy admirada y reconocida por los propios escritores, algunos de los cuales frecuentó en el llamado grupo de Bloomsbury

A la intemperie. Rosamond Lehmann. Erratanaturae. Publicación 30 de enero de 2017. Traducción de Regina López Muñoz. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes