Faros


( Un faro en la costa de Irlanda )

Confieso que me gustan los faros y que no viviría en uno de ellos. La absoluta soledad que los rodea, el mar océano a un lado, en otro ángulo la tierra firme anclada, todo eso me asustaría en las noches y me daría melancolía en los atardeceres. Ese momento indeciso del comienzo del día, cuando se apaga la luna siquiera por un tiempo, esas horas escasas, serían, seguramente, el tiempo en el que mi corazón no latiría desbocado aquí, en estos sitios que la leyenda agranda. 

Esa luz circular que lanza inexorable cada vez que el reloj así lo exige tendría que ser también un aviso para aquellos que viven en las orillas tenues de los mares ansiados. Justo al lado del mundo en el que te hallaría, aunque no estoy segura de que tus ojos vieran ese andar despacioso que gasto cuando sueño. En ti, solo contigo, solo al lado del aire, allá contigo, solo en esa baranda de las camas desnudas, podría retroceder y cambiar lo que ha sido por una tenue brisa que trajeran tus manos. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

Cuando ruge la marabunta

Historia de un narcisista: incapaz de amar

Elizabeth Bennet: la emoción inteligente

Moda femenina en la época de Jane Austen

De cómo el señor Darcy rechaza a Elizabeth

"Normas de cortesía" de Amor Towles

"De vuelta a casa" de María Sanz

Quien no tiene padrinos...

En septiembre