Así que estés, no digo qué palabras


Tu palabra se oye cada vez más lejana. Es un susurro que dispersa el viento. Lo diría Ángel González. Yo también te lo digo. Aunque nunca me oigas, aunque nunca lo sepas, aunque nada me sientas, aunque no te imagines, aunque estés de vacío, aunque yo no sea fuego, aunque yo no sea aire, aunque yo no sea tuya. 

Espero tu palabra como si fuera lluvia. Es el primer ardor que mi alma necesita. La espero como tierra, como abrazo de amante. La espero y nunca viene porque abandona el tiempo cada vez que te llamo. 

Siempre suena la música si te vas alejando. Si en las horas precisas te escapas y me dejas. Siempre suena la música y me advierte en silencio. Es un silencio nuevo, que me atrapa sin verte. 

Ahora que estás tan lejos, ahora que ya no existes, ahora que nunca tiemblo, ahora que no me abrazas, ahora puedo decirte que tu presencia azul es una llave. Cierro mi corazón ahora que te has marchado. Guardo mi corazón y me cubro de ausencia. No te tengo, no soy, no escucho ya tu eco. El móvil se ha callado. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

"Recado original" de María Sanz

"Lady Ludlow" de Elizabeth Gaskell

Verde Tamara

"Papá se ha ido de caza" de Penelope Mortimer

Karen Radkai: toda mujer necesita un sombrero

El Concurso de Granada en su contexto cultural

Mujeres en blanco y negro

"Mirarse de frente" de Vivian Gornick

Lillian Bassman: La mujer oblicua