Ir al contenido principal

"Antigua luz" de John Banville

Me alegra experimentar el asombro y la fascinación por los libros a pesar de que llevo tantos años de lectora activa. Soy, básicamente y sobre todo, una lectora que por ello escribe. Pero, aún así, no ceso de toparme con cosas que me llenan de esplendorosa admiración, con libros escritos de tal manera que quisiera que fueran míos. Un solo libro de estos me aseguraría el paso a la inmortalidad literaria, el mayor empeño que alguien que escribe debería tener. No será así, por desgracia, pero bien sirve para disfrutar ese hallazgo nunca pretendido. 

Ocurre como con el amor. Ni se busca, ni se persigue, ni se conquista. Simplemente se encuentra, se acepta y se disfruta. Este es un libro para sentirse parte integrante de la comunidad de los que piensan que las palabras son el elemento de la comunicación que nos hace más humanos. 

Un hombre de sesenta y cinco años, actor de fama, padre fallido de una hija que se quitó la vida, esposo conveniente y desapasionado, amante de mujeres que apenas recuerda, hace un ejercicio de reconstrucción sentimental a partir de los hechos que rodearon la vivencia de su primer amor, el que le unió durante cinco o seis meses, a la madre de su mejor amigo. Esa mujer de treinta y cinco años, veinte más que él, que retozaba en una casa abandona junto a un chico que podía ser su hijo, le dejó la indeleble huella del nacimiento de la sexualidad, de la pasión y de todas las emociones que tienen que ver con la relación entre un hombre y una mujer. O entre un hombre y la vida. 

Pero no queda aquí el delicado equilibrio narrativo que el autor establece en este sorprendente libro que te llena de interés como si fuera una novela policíaca. Está también la vida actual, en medio de un rodaje que le traerá a su vida a esa actriz famosa que es infeliz más allá de su fama, y esos otros personajes cubiertos de misterio que se engarzan para darle el significado final al relato. En el fondo, Cass, su hija muerta. Al lado, Lydia, su esposa decepcionada. Al fondo, Celia Gray, la mujer. 

Admirado por su prodigioso fraseo, Banville es aquí más que un frasista. Inocula emoción a su inacabable repertorio de adjetivos y nombres, unidos con la argamasa natural que los hace nacer de dentro y desplegarse como uno de esos muestrarios de objetos antiguos de los que no podrías escoger solamente uno. No puedo explicar con acierto, porque soy incapaz, la sensación de galopar sobre el terreno fértil de la palabra que se siente al leerlo. 

Cada una de sus frases vale su peso en oro, pero todas juntas conforman un texto convincente y poblado de aristas. Personajes creíbles, que puedes percibir como llenos de contradicciones, dificultades y miedos. Momentos en los que reconoces el devenir de la vida en todo su esplendor. Encuentros predecibles contados con la fórmula mágica del talento. 

Yo era de Banville pero esto libro me ha hecho aún más. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes