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"Nora Webster" de Colm Tóibín

Tres años de la vida de Nora Webster, desde que se queda viuda de Maurice, hasta que decide desalojar los armarios con su ropa y romper los recuerdos escritos que de él tenía, son el espacio de tiempo en el que transcurre este libro. El tiempo acota el contenido y las emociones. Nora tiene cuatro hijos, debe trabajar y seguir viviendo mientras elabora su duelo y recorre ese oscuro camino que va de la vida en compañía a la vida en soledad. Un aprendizaje que solamente se culmina cuando la aceptación de lo ocurrido es plena, cuando el horizonte del futuro pesa más que el dolor del pasado. O que la felicidad compartida, aún mucho peor de sobrellevar. 

Tóibín entreteje otros contenidos en la historia. La vida laboral de Nora, los acontecimientos históricos que acontecen en su Irlanda, las relaciones con sus hijos o vecinos, redes de amistades que aparecen y se van, amalgamas de pensamientos que se cruzan firmemente en ella y en su determinación de sobrevivir a la catástrofe sentimental de la pérdida de quien había sido su compañero hasta entonces. Todas estas tramas no pueden distraer del motivo central de la novela: la disección del duelo y de sus consecuencias. 

Irlanda, finales de los años sesenta, principios de los setenta. Este es el ámbito geográfico y cronológico en el que se desenvuelven estos años de la vida de Nora. Una Irlanda que aparece con todos los matices posibles y que resulta tan literaria siempre. Una mujer de cuarenta años, con cuatro hijos a su cargo y que pierde a su marido, después de una existencia compartida razonablemente feliz, como lo es la de las familias normales. Una construcción emocional enmedio de los avatares del día a día, tambaleándose a veces y otras veces convirtiéndose en un reto que hay que superar. El dolor no es aquí sino un elemento más, que sombrea al personaje y lo hace más cercano y comprensible, incluso cuando sus circunstancias se ocultan con el telón de fondo de la vida en esos años y en ese lugar. Superar el dolor o convertirlo en aliado, hacer que no termine contigo de igual forma que la pérdida ha acabado con tu equilibrio, con el suave retrato de tu vida anterior. 

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