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La palabra imposible


( Lee Miller. Fotografía)

Una frase bailaba todo el tiempo en la cabeza: Cuando te veo, te echo tanto de menos...Y así era. Podía soportar la ausencia si no lo tenía cerca. Pero, en esas raras veces, extraordinarias, únicas, en las que lo veía, entonces no podía dejar de añorarlo desde el primer instante. Por eso, apenas lo miraba. Sabía que esa mirada sería su perdición. Sabía que, si guardaba en su retina la forma de sus manos, el hueco de su risa, la llama de sus ojos, la catástrofe sería irremediable. Por eso, apenas detenía en él su mirada. Por eso reía continuamente, de una forma nerviosa, irreverente y tibia. Como ella misma era. Extraña para muchos. Distinta. Conservando un hilo de inocencia que nadie percibía. Ni él siquiera. 

Un pensamiento estaba en su cabeza y de ahí no se movía: Podría decirte tantas cosas. Y he de callarme tanto. Estaba segura de que las palabras nunca hallarían el camino de salida. Estaba segura de que ninguna circunstancia haría posible el desahogo, esa forma diferente de sentir, esa sensación de plenitud en la confesión. Nunca nada lograría que su voz se alzara en la conversación y dijera la única frase que quería, en realidad, decir. No. El silencio estaría siempre con ella. Lo sabía. Y se preguntaba si alguna vez, pasando el tiempo, la suerte o el destino harían posible que, al verlo, dejara de echarlo de menos hondamente.


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