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Fue en ese cine ¿te acuerdas?


Fue en ese cine ¿recuerdas? Aute lo cantaría así. Así lo recuerda ella. Una luz amarilla, como de girasoles incendidos, anegaba la tarde. Era fiesta. El vestido era rosa, de ese rosa sencillo de las chicas en flor. Y la rebeca, rosa también, se ajustaba a la cintura y al codo, con ese aire francés que siempre tuvo ella en sus vestidos.

El chico de sus sueños la invitaba a ir al cine. La tarde prometía. Los ojos se amparaban en el color azul de los ojos del otro. Parecía todo un juego. Un juego peligroso y nuevo. Los años dieciséis y la esperanza. Todo mezclado en un recipiente de sueños y de deseos que pronto serían pasión o atrevimiento.

Vivo la vida en ti, pensaba ella. Busco la vida en ti, decía él tantas veces. El silencio de ella contrastaba con la fuerza de su voz un tanto irónica, que él cultivaba con el esmero de sus veinte años. El cuerpo brioso de ella y la sencilla tranquilidad del hombre en ciernes. Así fue como el amor estalló y ambos dejaron de ser contrincantes para convertirse en amantes.

Pero no pudo ser. El alba no abrió sus luces para ellos. Todo fue un instante. Fugaz y doloroso como suele el amor en esos días de la primera juventud apenas pronunciada. Hubo un beso, eso sí, el beso, el único, doloroso, ardiente, ansiado beso. Tu beso. ¿Lo recuerdas?

(Fotograma de Encadenados: Ingrid Bergman y Cary Grant)


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