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"Cranford" de Elizabeth Gaskell


Elizabeth Gaskell (1810-1865) comenzó a escribir para luchar contra la depresión que le produjo perder al último de sus hijos varones. Corría el año 1845. La escritora tenía 35 años. Nunca sabremos si ese talento que guardaba hubiera quedado oculto de no mediar esta circunstancia trágica. En todo caso, entre esa fecha inicial y el año de su muerte, Gaskell escribió y publicó una serie de libros esplendorosos, llenos de estilo personal, matices y calidad literaria. El primero de ellos fue "Mary Barton" (1848), que tuvo una excelente acogida. 

Gaskell trató temáticas diferentes. En algunos de sus libros narra el choque que se produce en aquellos que abandonan el campo inglés para acogerse a las nuevas ciudades industriales. Este es el caso de "Norte y Sur" (1855). Como biógrafa, escribió probablemente una de las mejores biografías literarias que pueden leerse, la de Charlotte Brontë, en 1857. Hay obras con tintes morales, la magnífica "Ruth" de 1853 o "La casa del páramo" de 1850. También se adentró en el género fantástico con sus "Cuentos góticos" y algunas novelas intimistas, en las que la vida cotidiana, las relaciones humanas, se convierten en principal objeto de preocupación literaria: "Los amores de Sylvia" (1863), "La prima Phillis" (1863-64) o "Hijas y esposas" (1864-66). Esta última quedó inconclusa a su muerte. 

"Cranford" es de 1851-53 y se inscribe en el género costumbrista. Como decía la señorita Marple, inolvidable investigadora aficionada de Agatha Christie, la naturaleza humana es la misma en todas partes y, como afirmaba en esos años iniciales la maestra de la novela moderna, Jane Austen, con cuatro o cinco familias en un entorno reducido ya puede escribirse un libro. Así que este es el costumbrismo de "Cranford". No la descripción de las costumbres, los paisajes, las rutas o la gastronomía, sino las emociones, los sentimientos, las relaciones, los encuentros, las visitas, la vida cotidiana de los habitantes de este pueblo, Cranford, todo realizado a modo de retablo, de descripción sociológica, de encuentro en torno a unos personajes cercanos y tiernos. Las hermanas solteronas que forman el centro de este mosaico son amena e íntimamente ciertas. Los acontecimientos que ellas contemplan y que las llenan de interés son sencillos, idas y venidas, problemas matrimoniales, cuestiones de dinero. Nada que los demás no conozcamos. 

Es el estilo, ese tono de confidencia, de cuchicheo en voz baja, esa detallista descripción de las mujeres de Cranford, cada una con su forma de vivir y de opinar, lo que produce la deliciosa espuma que sale del relato y te llega con un burbujeo incesante que te acompaña incluso cuando has cerrado el libro. 

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