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Shakespeare y una tarde de lluvia


En las tardes de lluvia, la poesía. La plaza aparece cubierta de esa liviana luz de las farolas, a punto de llover, si ya no lo está haciendo. Sin ruido. En el son silencioso que surge de improviso. Una lluvia callada que no quiere asustarnos. Su presencia es el único movimiento que esta tarde parece existir en torno a sus jardines. Todo el mundo observa, detrás de las ventanas, el transcurrir del día, cómo el crepúsculo está tejiendo ya su sombra y cómo la luz se marcha sin decirnos su último secreto. 

En tardes como estas, la poesía. Los sonetos de Shakespeare. "Embelleces la noche, la iluminas". Y luego de leerlo te aseguras de que aquello no huya, no se quede en el aire, no se evapore, como esta niebla tibia que se deshace en copos de rocío, sin que haya amanecido todavía. El verso se construye y se transforma y aparece la estrofa entre tus manos, sin que puedas evitar su latido: 

Embelleces la noche, la iluminas
trazas airoso tu compás ausente
los destellos del aire son la dicha
eres el fondo claro que perece. 

En las tardes, te noto más presente. Como si la distancia sideral que nos separa se convirtiera en un pequeño salto en el espacio, en el tiempo. Siento que me comprendes, que estás al otro lado y que nunca te has ido. Siento que sigues siendo lo que eres: una razón entre tantos vacíos. Y el Bardo continúa: "El sol brilla gozoso por mirarte". Esto es una esperanza, es un total deseo. Una moneda al aire para que esta neblina lluviosa que me cubre, desaparezca un día y se convierta en claridad alada. La tuya, la que eres. Y así sigue:  

El sol brilla gozoso por mirarte
te encuentro presto siempre a la alegría
los surcos de las horas no son nada
no pesan, no trasminan, no se sienten. 

La tarde se hace amor irremediablemente. A ti conduce. En ti termina y encuentra su sentido. No hay más que amor en los versos que escribo y los elevo para que surjan flores. Esa mirada trágica a las cosas se deshace en las manos y así puedo entender que, a pesar de que el otoño no florezca y el invierno traiga rosas marchitas, tú estás al otro lado de un fugaz horizonte. Y por eso: "En mis versos tu amor vivirá joven". 

En mis versos tu amor vivirá joven
no terminará nunca este deseo
así en ti cada abrazo se culmina
y el corazón en ascua por ti arde. 


Shakespeare y yo te escribimos en verso, porque sin que el amor nos atraviese, nada somos ahora, ni seremos. 

(En negrita, lo que escribió W. S. )

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