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Mostrando entradas de 2016

Las mujeres Austen

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(Persuasión. 1918. Sally Hawkins es Anne Elliot en la versión para TV de 2007) Persuasión , la novela de Jane Austen publicada  a título póstumo en 1818 presenta un tipo de mujer fuerte, capaz, reflexivo, maduro, no exento de sentimientos, pero llena también de sentido común . Está enamorada pero no va a perder la cabeza con facilidad. Y mantiene su dignidad en todos aquellos momentos del libro en que sus amores pueden ser descubiertos y utilizados de mala manera.  Pero no es Persuasión la única novela en la que esta escritora define personajes femeninos de auténtico fuste. Todo lo contrario.  Una de las cosas más interesantes de la literatura escrita por Jane Austen es la variedad de personajes femeninos que crea. ¿De dónde los sacó? ¿Cómo una persona con tan escasa experiencia de la vida, que se movía en un círculo familiar y vecinal muy concreto, fue capaz de concebirlos? El talento es, sin duda, junto a las lecturas que frecuentaba desde pequeña, el secreto de est

El regreso del capitán Wentworth

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(Autorretrato de Constance Mayer, 1775-1821) Anne Elliot , la protagonista de "Persuasión" está muy enamorada de Frederick Wentworth desde los diecinueve años y cuando él le ofrece matrimonio rechaza su proposición. Los diecinueve años de entonces, finales del siglo XVIII y principios del XIX, eran una buena edad para casarse. Incluso se registran matrimonios con menos edad. Sin embargo, Anne renuncia a su felicidad y hace infeliz también al hombre que la quiere. Los consejos de Lady Russell y la falta de aprobación por parte de su padre contribuyen a ello. Sin embargo, Anne tiene sentimientos profundos y ocho años después de aquello, cuando vuelve a encontrarse con Frederick , convertido en el capitán Wentworth , un hombre triunfador y de fortuna, las cosas son bien distintas. Una suerte de determinación la guía. Sabe lo que siente y sabe que ahora actuará de forma diferente si él la sigue amando. Pero es algo que está por ver, no hay ninguna certeza de que el a

Hay que buscar razones

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La muchacha de la farmacia ha sido muy elegante en su felicitación. No le ha preguntado cómo va a pasar la noche. Ella lo ha agradecido con el gesto cómplice de quien entiende el detalle. Luego, en la mercería, la dependienta-amiga, ha elucubrado sobre el posible frío al salir de la Misa del Gallo, pero no ha hecho alusiones personales lo que ha constituido una forma de entendimiento que tiene mucho valor en horas tan reiterativas y llenas de lugares comunes. En el supermercado, más impersonal, la compra ha sido rutinaria y sencilla, no hay apenas nada que celebrar. Y luego, en un paseo improvisado que no tenía previsto no ha podido evitar enamorarse de un mueblecito pequeño y adornado de rosas que, piensa, quedaría de perlas en una esquina del dormitorio. En ese cuarto sobra ahora mucho sitio. Cuando lo compra no se da cuenta de que ha de transportarlo a casa y que, aunque cerca, tiene que hacerlo sola. Es esa soledad de llevar consigo un pequeño mueble casi a rastras lo que ha h

Ese compás ausente

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(Nacimiento de Cristo. Catedral de Segovia) Los niños vinieron del lugar más frío de la tierra. Su llegada fue, en cambio, un soplo de calor. La casa se llenó de una esperanza cierta que nunca antes la había alumbrado y el orden se trastocó en una nube de juguetes que te zarandeaban al entrar. Él, un tipo circunspecto y poco dado a la risa, se sorprendió llevando a aquellos niños a montar en un tiovivo que el ayuntamiento colocó en la plaza. También frecuentó una pista de hielo, un centro comercial plagado de sorpresas y la mesa incómoda y moderna de un McDonalds que antes no había pisado nunca. La madre dejó de notar una punzada de envidia cuando, por la calle, descubría el enjambre de mujeres que acababan de dejar a los hijos en la puerta del colegio y se unió a ellas con entrega, deseando formar parte del AMPA cuanto antes. Ya eran padres y esos niños su mayor alegría.   La vida desde entonces adquirió otro compás. Cómo explicarlo sin nombrar las noches de insomnio, la

"Nunca me ha gustado cómo huelen los libros"

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(Harriet Walker es Fanny Ferrars Dashwood en la película de Ang Lee) Esta frase la pronuncia Fanny Ferrars Dashwood, la esposa del hermanastro de las hermanas Dashwood (Elinor, Marianne y Margaret) al enseñarle a su hermano Edward Ferrars la casa familiar que su marido ha heredado a la muerte de su padre. La desgracia femenina de perder todo derecho en la vía sucesoria de bienes e inmuebles para beneficiar a los varones, incluso con parentescos lejanos, está presente en toda la obra de Jane Austen y siempre con un punto de crítica.  A la muerte del señor Dashwood, su segunda esposa y las tres hijas que ha tenido con ella, se quedan desamparadas, a merced únicamente de la bondad de su hijo mayor, a quien, en su lecho de muerte, el padre hace prometer que cuidará de ellas. Las promesas se diluyen y se interpretan como uno quiere. Y Fanny es una enorme manipuladora que conseguirá que su marido vea las cosas como ellas las ve: ni un duro para estas mujeres, que tendrán que avi

Siete libros que he disfrutado leyendo en 2016

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Me llamo Lucy Barton de Elisabeth Strout (Duomo / 1984, 16,80 euros). Una escritora con un pasado lleno de penurias convalece en el hospital con su madre al lado, en una última oportunidad para su reconciliación. Cualquiera de nosotros se ha preguntado en alguna ocasión si hizo todo lo que estaba en su mano para que la relación con su madre haya sido positiva. Las respuestas son muchas y las tuyas, como las mías, quizá no coincidan con las de la autora. Pero estoy segura de que pensarás en ello desde otro punto de vista. Te perdonarás a ti misma. Te entenderás mejor. Y la entenderás a ella.  Tú no eres como otras madres de Angelika Schrobsdorff (Errata Naturae y Periférica / La Campana, 23,95 euros). La historia real de la madre de la autora, una judía de la burguesía berlinesa que vive una juventud liberada hasta que topa con el ascenso de los nazis. Este es uno de esos libros que lees y recomiendas. Y luego resulta que hay mucha otra gente que ha hecho lo mismo, leerlo

Flaubert o Sand

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(Stuart Davis) Hubo una disputa entre Gustave Flaubert y George Sand en lo que respecta al sentido de las novelas. Flaubert es el padre de Emma Bovary y considera que escribir es un acto intelectual que no puede revestirse de la propia experiencia. Hay que guardar en un cajón los sentimientos para que las palabras fluyan. Así lo afirma sin que titubee. De esa forma, lo que el escritor cuenta es la vida de los otros. No hay ni un ápice de yoismo en esa interpretación de la novela y sus personajes muestran lo que son independientemente de la propia opinión del escritor.  (Stuart Davis)  Muy al contrario, para George Sand no es posible escribir sin que se trasluzca, más o menos, el sentimiento y las emociones del que escribe. Salen a la luz en forma de palabras, se cuelan en las rendijas del argumento, cubren de llanto o de verdad las expresiones de los personajes y, en fin, todas impregnan la vida narrada. No se contrata de contar la vida del que escribe, sino en escribi

Ahí empezó todo

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En la calle, bulliciosa de por sí, se formó un jaleo de campeonato. La puerta del número 39 se había abierto estrepitosamente y dos de los hijos de la familia aparecieron en ella, con cara de pocos amigos, portando a rastras unas cajas de gastada madera que no tenían cubierta.  Nadie podía ver lo que contenían, porque los espectadores espontáneos que llegaban atraídos por el ruido, no tenían suficiente ángulo de visión. Pero la niña de la casa de enfrente saltó por encima de los pies de los otros y se plantó delante y asomó la cabeza y metió la nariz y descubrió los libros.  ¡Son libros, son libros! gritó. Y el grupo de mirones se fue dispersando. A buenas horas iban a pararse en libros a la hora de la siesta porque a aquellos imberbes se les hubiera ocurrido hacer limpieza de buhardillas…. Pero la niña entonces se sentó en medio de la calzada, que era de piedra, dura, gris y a veces transparente cuando la lluvia la regaba, y empezó a rebuscar con cierto gesto compulsivo

Quiero ocultar mi rostro

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Ella lo sabía. Sabía que él ejercía sobre su alma un poderoso influjo. Como la luna, que al aparecer, lo tiñe todo de plata. Y cuando se oculta deja una sensación de vacío difícil de explicar. O como el sol, que cubre de la pátina de la verdad las cosas de cada día. Y, si no está, se espera a que amanezca, en ese rito diario de la realidad que no queremos eludir. Esa mezcla de necesidad y dolor era él para ella. Y ella lo sabía. Las mujeres hablaban mal de él. Le adjudicaban maldades que a cualquiera hubieran derrotado. Pero él ejercía de misógino, de prepotente y de narcisista. Y esa asunción de sus defectos lo redimía de todos ellos.  Y ahora ella sentía que, para todo, era demasiado tarde. Ya no tenía la edad precisa para enamorar. Ya podía pasear por la calle sin que los ojos de los hombres la siguieran. Ya no estaba en el tiempo de los sueños. Solamente alguien que la hubiera querido desde siempre, sentiría hacia ella la mezcla de pasión y deseo que se llamaba paraíso. A

"Born to Run" Memorias. Bruce Springsteen

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Siete años ha tardado Springsteen en escribir esta Autobiografía que acaba de publicar en castellano Literatura Random House con una traducción de Ignacio Juliá. Voluminoso libro de casi seiscientas páginas que el Boss dedica a Patti, Evan, Jess y Sam y que se acompaña de fotografías de su álbum familiar.  Él mismo cuenta, en el capítulo de agradecimientos, el proceso de la escritura. Sin prisas y sin presiones. Organizada la estructura en Libro I, Libro II y Libro III, la historia comienza en su calle y su casa para terminar en los escenarios. La narración está pormenorizada, detallista, llena de notas de color, pero también es intimista, porque no solamente cuenta lo que pasa, sino cómo lo vive, cómo lo siente y plantea. Es muy curiosa la manera en la que el artista aparece como un tipo trabajador, dedicado a lo suyo con pasión y notablemente exigente y lleno de expectativas. Lejos de destacar los momentos de glamour y de gloria, se hace hincapié en lo otro, en el esfuerzo, el

Así que el tiempo se encargue de borrarte

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(Pintura, Ramón Casas)  He abierto las ventanas y un aire húmedo y frío se ha colado en la casa. Los manojos de flores se escondieron y los jarrones tienen un perfil de vacío acompasado. La música cesó. Se pararon los llantos. El silencio ha encontrado su sitio. Así está todo: tibiamente perdido.  Si la lluvia lo arrasara todo, si limpiara mi corazón de ti. Si me dejara libre, sola, sin esa opresión que me traes y que nunca se marcha. La lluvia que corre de ventana a ventana, la lluvia que quiero sentir dentro, para no conservarte en ninguna memoria.  Hay un torrente de besos que nunca se han besado, una huella de manos que se alejan de mí. Este viento de la mañana tendría que convertirme en estatua de sal, borrar los sentimientos, borrarte, sin esperar a que el tiempo se encargue de convertirte en un mal sueño. 

La quietud invadida

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(Claude Monet: Impression. Soleil levant) El sol, que esta mañana llameaba con la fuerza de un otoño aburrido, acaba de marcharse. Se ha cansado de ver cómo la plaza se abandona a su suerte en el almuerzo y los niños se esconden y los viejos marchitan su esperanza de más tiempo para verlos jugar. El sol, que ahora no existe, anunció de temprano que tú la contemplabas con el ardor de un hombre que desea, con la mirada fiera de quien busca su rato de belleza, su palabra precisa en la ternura. Ese sol, que despunta, que intercala sus rayas con las nubes que quieren su parte del pastel, es el mismo que ella contempla desde el fondo de un silencio más claro. No estás. Decidiste que el tiempo se llenara de otras, de cuyas voces no tenemos noticia, de cuyos cuerpos desconocemos el aire y la distancia. Te marchaste con otras para ver si la dicha retornaba a tus ojos, para encontrar la huella de la carne, para ahondar en el secreto de un amor imposible. Ella quedó a la espera. Pero nad

"La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad" Josep María Esquirol

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El último Premio Nacional de Ensayo corresponde a un libro “pequeño”, que no intenta abarcar el universo sino el adentro, el interior, lo que ocurre tras nuestros propios visillos. Cuidarse a uno mismo, entender lo que somos y el motivo último de nuestra actuación, acercarse a los otros alumbrándolos, empatizar con el de enfrente y no solo con el de al lado, trazar un camino posible, factible y necesario…todo ello surge natural de las páginas del libro, que lees a modo de interesante discurso natural que surge del sentido común, aunque esté lleno de referencias y de referentes.  La definición de “resistencia” ocupa las primeras páginas. Es una resistencia que no debe confundirse con ocultación, con lejanía, con oscuridad, sino, al contrario, con un hallarse a sí mismo con la idea de que ese hallazgo nos aporte claridad y que esa claridad pueda ser compartida. A continuación, la vida cotidiana aparece como el marco ideal en el que esa resistencia puede tener sentido, como el lu

De la lluvia

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(Fotografía: Christophe Jacrot)  Estaba cansada. Llevaba un buen rato recorriendo la ciudad. Quería despejar su cabeza de dudas. Pero las dudas parecían perseguirla. Doblaba una esquina y allí estaban. Las preguntase agolpaban, en lugar de desaparecer. La incertidumbre se convertía en una losa firme, no se disipaba. Llevaba un paso rápido que tuvo que espaciarse con la lluvia. La lluvia era el gran acontecimiento del día. Después de meses sin caer tuvo que aparecer de esa forma inclemente, sin avisar, de modo que entró a comprar un paraguas en la tienda de los chinos que le cogió más a mano. Los chinos no cerraban nunca y tenían de todo. Era un todo polvoriento, sin gracia ni estilo, pero, al fin y al cabo, no tenía ninguna cita a la que acudir, era un simple paseo rápido esperando que su cabeza dejara de pensar. Los pensamientos no pueden detenerse, se dijo. Quiero que se transformen en ideas positivas, como explican los psicólogos. Aunque no se fiaba de ellos. Conocía a unos

Lo inútil del cariño

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Realmente, dice ella, esta es una despedida inútil. Sé que no leerá estas palabras. Está demasiado ocupado, su cabeza anda enfrascada en temas importantes. El amor es un sucedáneo del aburrimiento, así que no le prestará atención. Me despido, entonces, no de él, sino del amor que le tuve. Lo dice mientras agacha la cabeza, abate los ojos y sonríe tristemente. Esa es una tristeza sobrevenida, pienso. Ella ha perdido la alegría. Se ha quedado secuestrada en cualquier encuentro baldío. En una conversación venida a más por la rabia y la indiferencia. Realmente, dice ella, no debería decir nada, puesto que el silencio ha sido mi santo y seña todo el tiempo. Cómo terminar lo que no ha empezado, continúa. Si entonces, cuando mi corazón saltaba al presentirlo, mis palabras nunca confirmaron su latido, qué sentido tendría ahora, cuando ya sé que la inutilidad golpea mis pasos y al final de ellos no hay ningún atisbo de su presencia. Ella mira a lo lejos, entreabre los ojos y guarda en el

Una mujer fatal

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Confirmado. De todas las mujeres que se pasean por los libros de Jane Austen ninguna merece más este título que lady Susan Vernon . Por eso esta novelita epistolar de 125 páginas apenas es tan interesante. Porque pone en circulación un tipo femenino verdaderamente curioso, sobre todo si nos atenemos a las fechas en las que fue escrita y a la edad de la escritora (entre 1794 y 1805, con algo más de veinte años).  Ni siquiera las hermanas Bingley , con su desprecio por la vida campestre y sus luchas soterradas por conseguir que Caroline se case con Darcy, pueden compararse a lady Susan. Ni, por supuesto, la señora Augusta Hawkins , de casada señora Elton o, incluso, Fanny Dashwood , con su maléfica influencia sobre su marido, a la sazón hermanastro de Elinor y Marianne en “Sentido y Sensibilidad” . Esa conversación inicial en la que  Fanny lo termina convenciendo, con frases cortas e intencionadas, para que no asigne cantidad alguna al sostenimiento de su madrastra y sus

Leonard Cohen: Seis acordes de guitarra

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Me confieso analfabeta en Cohen. Si no hubiera muerto ayer yo no hubiera buscado en Internet noticias sobre su vida, ni hubiera escuchado con atención sus diez temas más famosos tal y como los publica La Vanguardia. Ni hubiera estado atenta a un enlace de El Mundo en el que se recoge el discurso que dio en Oviedo con motivo de recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2011. Qué curioso. No recuerdo cuestionamiento alguno hacia ese premio, quizá porque "Letras" es concepto más amplio que poesía, que novela, que escritura. Ahí la copla entra sin remedio y la canción y todo lo que música acompaña.  En ese discurso Cohen cuenta una historia. Las historias de los viejos son entrañables y él, en ese año de 2011 ya lo era y lo sabía y tenía esa presunción de los viejos que han pasado ya esos años difíciles en los que todavía se tiene esperanzas de mantenerse lo más en forma posible para seducir a quienes nos cruzamos en la vida. En ese año él había decidido ab

"Antigua luz" de John Banville

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Me alegra experimentar el asombro y la fascinación por los libros a pesar de que llevo tantos años de lectora activa. Soy, básicamente y sobre todo, una lectora que por ello escribe. Pero, aún así, no ceso de toparme con cosas que me llenan de esplendorosa admiración, con libros escritos de tal manera que quisiera que fueran míos. Un solo libro de estos me aseguraría el paso a la inmortalidad literaria, el mayor empeño que alguien que escribe debería tener. No será así, por desgracia, pero bien sirve para disfrutar ese hallazgo nunca pretendido.  Ocurre como con el amor. Ni se busca, ni se persigue, ni se conquista. Simplemente se encuentra, se acepta y se disfruta. Este es un libro para sentirse parte integrante de la comunidad de los que piensan que las palabras son el elemento de la comunicación que nos hace más humanos.  Un hombre de sesenta y cinco años, actor de fama, padre fallido de una hija que se quitó la vida, esposo conveniente y desapasionado, amante de mujeres

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(Fotografía de Philippe Marchand. Nantes, 1961) Todos los hombres que amé están en ti y tú no te pareces a ninguno. Aquella arrogancia juvenil, esa torpeza de no saber dónde poner las manos, la mirada imperfecta de unos días sin final, el resplandor opaco de sus ojos, la palabra convertida en confesión secretamente oculta, la blanca y dulce bebida a ras de labios... Todo ese bagaje de caricias, gestos y enseñanzas furtivas y esos otros encuentros oficiales y las confidencias a la luz del día y la huída en las noches más amargas... Esa turgencia firme de los brazos que escalan posiciones y quizá sin remedio esa gota de luz que a tu lado me alcanza... No sé qué encontraría yo en ellos que no tuvieras tú. Acaso nada. Si no fuera por ti, tanto y de qué manera, los hubiera olvidado para siempre.