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"Don Quijote de la Mancha" de Miguel de Cervantes. Puesto en castellano actual por Andrés Trapiello


Parece que ha amainado un poco la tormenta. La discusión entre expertos, profesores de Literatura, lectores y escritores sobre si es conveniente o no "traducir" al castellano actual la obra cervantina debe haber entrado en modo veraniego, porque se ha calmado. Antes de que el libro estuviera en los estantes de nuestras librerías, todo era discutir y el fragor de la disputa llegó a los medios, a las redes e, incluso a la calle, aunque menos. La noticia ha tenido que competir, desde luego, con el estado prisionero de la Pantoja, la supervivencia de Isa (antes Chabelita), el nuevo amor de Fran (ex de Belén) o las desavenencias mohedanescas. 

Tamaños problemas han quedado al ralentí cuando surgió, portada holesca de por medio, el affaire o amor apasionado, cada uno que le ponga el adjetivo que quiera, entre Vargas y Preysler, qué gran cosa. Así que de nuestro Don Quijote apenas se acuerda nadie. Oí y leí muchas opiniones antes de que saliera a la luz, pero, después de que está ya a disposición de todos, la cosa se ha parado. Claro que hay que leerlo antes de opinar, aunque esto es una suposición que, me diréis, no tendría por qué ser así. 

La pregunta inicial era ¿es necesario que El Quijote se traduzca para que su lectura llegue a una gran mayoría? Mi respuesta es y sigue siendo sí. En la pregunta queda implícita la importantísima distinción entre "adaptación" y "traducción". Estoy en contra de las adaptaciones. De todas. Las que se realizan para niños son demenciales y absurdas. Si el niño no está en disposición de entender el libro, lo mismo da que se adapte como que no se adapte. Y la forma es tan importante como el fondo en la literatura. Es más, la literatura "es" la forma. Lo único que puede hacerse en la literatura infantil es leer los libros como fueron escritos, escribir libros ex profeso (cada vez hay más), escoger bien qué libros se da a leer a los niños y, en el caso de la poesía, seleccionar los poemas con tino. Nada más. 

En el caso que nos ocupa no hablamos de adaptaciones. Ha habido muchos y todas han corrido la misma suerte. La negativa de los lectores a leerlo. La negativa de los niños. La falta de comprensión de la obra. El aburrimiento. Pero es algo que resulta absolutamente lógico. El castellano que usaba Cervantes no es el de ahora. No es que sea diferente. Decir "diferente" es usar un término suave y demasiado simple. No. Es un idioma nuevo. Se diferencia del castellano actual lo mismo que el latín del castellano antiguo. Es decir, en todo. Por lo tanto, no tenía ningún sentido mantenerse en la idea de que había que leerlo tal y como se escribió sí o sí. 

Nos hemos engañado a nosotros mismos. Nos hemos aferrado a una idea falsa. Y hemos obviado que otros autores han sido traducidos al idioma actual. Por ejemplo, el gran Shakespeare. Leemos a William mucho más que a Cervantes, no solamente porque tenga un número de obras muy elevado en comparación con Don Miguel, sino porque es asequible, porque lo entendemos y lo hacemos nuestro. Y solamente ha consistido en traducir el inglés por el inglés actual y, a su vez, al castellano actual. Qué brutos somos cuando nos ponemos estupendos...

Deseando estoy que, en las clases de Literatura de todos los institutos del mundo, se pueda empezar a trabajar con el Quijote de Trapiello. No me entendáis mal, con la traducción de Trapiello, porque el Quijote es de Cervantes. Aunque tendríamos que abordar también la discusión de si las lecturas escolares obligatorias ayudan o no al gusto lector. Desde luego son cultura, pero ¿hacemos lectores con ellas? Yo pienso que hay formas de lograrlo, aunque no son objeto de esta disquisición, digamos, cervantina. 

Aquí puedes leer los cinco primeros capítulos, así te haces una idea de cómo ha quedado. Verás que la traducción es delicada, justa y que únicamente se refiere a expresiones y palabras que resultan ya arqueológicas y que dificultan la comprensión del texto. A mi juicio, el estilo cervantino se mantiene incólume. Pero puedes comprobarlo tú mismo.

Asimismo, recuerda que el prólogo ha sido realizado por el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, lo que también supone una garantía nada despreciable.

Esta es la ficha técnica del libro:

Título: Don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes
Subtítulo: Puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello
Prólogo: Mario Vargas Llosa
Editorial: Ediciones Destino. Colección Áncora y Delfín. Volumen 1338.
Año de publicación: 2015



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