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Mostrando entradas de mayo, 2015

Madre

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Tus libros y tus cosas. La blanca estantería. La ventana. Asomarse y retener el sol en las pupilas. Mirar el horizonte. Buscar, en la cartografía de la memoria, el paisaje perdido de la infancia; el pueblo aquel, sus casas y su gente. Tus amigas, tu escuela, tu maestra. Tu padre, en la distancia. Tu madre, en la retina.  En ti vivía la risa. Reías por cualquier cosa. Una risa rotunda, convincente. Una risa capaz de hacer creer que eras la Campanilla de la historia. Una niña con alas, un hada, una borrosa forma blanca y transparente mezclada con el sol de los esteros y el resplandor del aire de poniente.  Ay, tus viejas películas. Ese amor al cine que escribiste en tus ojos cada noche, cada tarde, a escondidas en la butaca oscura del teatro, cerca de las estrellas, en la noche, en cines de verano trashumantes, que buscabas sin dudarlo siquiera. Toda tu vida soñaste con el cine que los días eran otros, que transcurrían en la serena humedad de la costumbre, sin miedo a sobr

El hombre equivocado

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Nos ha ocurrido a todas alguna vez. El hombre equivocado. Te enamoras del hombre equivocado. Lo haces en un tiempo equivocado. Te expresas de la forma equivocada. Tú misma vives sentimientos equivocados. Pero son tuyos. Los tienes dentro. No puedes evitarlo. No puedes evitar evocar su rostro, pensar en sus manos, añorar sus besos, incluso los que nunca han existido, incluso los que no van a existir jamás.  Esta podría ser la sinopsis más simple de este libro y de esta película. "Suite Francesa", escrita por Iréne Nèmirovsky, apareció incompleta y una de sus hijas la cosió con cuidado y la hizo publicar. Estaba guardada en una maleta gastada y vieja en la que existían otros manuscritos de su madre y ediciones antiguas de quien fue, antes de ser deportada a un campo de concentración por su condición de judía, una eminente escritora, de amplia formación y mirada profunda sobre la vida y las cosas.  Después de ese libro, brotaron otros, como ramas en un árbol antes s

Mis artículos de Cine: Una mirada personal

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Acabo de recopilar, en la columna lateral de este blog, los artículos de cine que he escrito, hasta ahora, para la revista digital The Cult. El primero que escribí fue "Su juego favorito" esa comedia deliciosa y efervescente, llena de coches amarillos en los que nadie podría caber, pescadores que no saben pescar y amores, cómo no. Desde entonces, en 27 ocasiones, me he asomado a una película, he metido la nariz en aquello que me llamaba la atención y he escrito una especie de reseña que no es tal, sino una mirada propia, la forma en la que yo vivo y siento la película en cuestión. Cada una de estas películas tiene un significado para mí. No son compromisos ni elecciones vacuas. Al contrario, expresan un momento, un deseo, una vivencia, un disfrute. Expresan todas algo. Desde las más superficiales a las grandes obras maestras. Mi acercamiento a ellas es totalmente personal, no tiene nada que ver con lo que hacen los críticos de cine que se fijan en aspectos más profesiona

Bullying

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Así como Leon Werth reconocería de inmediato, en el inocente dibujo de su amigo, a una boa tragándose a un elefante, así la persona mayor que hoy es aquella niña, descubrió en la mirada del niño la misma sensación de desesperanza. Advirtió que, como ella, el niño no tenía donde volver los ojos. Reconoció su gesto, el movimiento de las manos y ese aire asustado de un pajarillo que vuela sin saber hasta dónde su vuelo.  Bullying. La niña nunca supo que existía esta palabra. Era una niña como otra cualquiera. Era graciosa, inteligente, estudiosa. Le gustaba leer. Le gustaba escribir. Le gustaba el teatro, los versos de Shakespeare y recitaba en voz alta sus obras. Paseaba por la calle y andaba a saltos, satisfecha, con las piernas muy largas y la melena al viento. Creía que era feliz. Lo era exactamente. En el colegio. En la calle.  En uno de sus años de instituto tuvo la mala suerte de encontrar la maldad, que existe, en alguien de su edad a quien la envidia corroía por dentro

El arte de lo cotidiano

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Desde hace algún tiempo tengo en “ellas” mis principales referencias. Mujeres que escriben , podría titularse, por eso, esta entrada. Literatura escrita por mujeres pero no “literatura de mujeres” aunque hay quien se empeñe en calificarla así y aún de convertirla en algo secundario.  Coincidencia o convicción, encuentro en algunas autoras mi espacio literario más sentido, el sitio en el que puedo volcar mis ideas, mis pensamientos y mis emociones, sin temor a que resulten vanas, absurdas, inútiles. Creo que ellas han entendido la dialéctica que entablo cada día con mi propio corazón, ese juego dulce y fructífero en ocasiones y, otras veces, duro y casi inhumano. Sentirse, ser, estar con una misma. Las emociones, ese terreno árido que no conocemos, que nos pueden llevar al precipicio o a la gloria. La vida cotidiana, en contrapunto. Como si fueran dos paraísos distintos y distantes, imposibles de unirse en algún momento.  Yo sé que no es así. Sé que la vida transcurre co

Pero mi corazón no estaba allí

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El enorme catálogo se despliega ante mí en esta tarde de primavera sevillana, fresca y con aire de poniente. El poniente es el viento que, tras entrar por la bahía de Cádiz, sube el Guadalquivir y refresca los cuerpos, rescatándolos apenas de esa calima sorda y exasperante. El catálogo, lleno de luces, de color y de fuego, muestra allí la pintura, casi toda, de Raoul Dufy, el artista a quien llamamos “fauve” y al que podíamos calificar de tantas cosas. La sala es azul. Abiertamente azul. El azul es el leit-motiv, el valor seguro, la melodía que recorre las paredes y revierte en los ojos y se abre como un caleidoscopio que entreviera todos sus matices. Es el azul el tono, la música, la idea, la fórmula, la magia, el sueño, la pregunta y la respuesta.  Allí, en una esquina, un grupo de personas, sin rostro ni identidad alguna, se mueve en un paso de baile pronunciado, al lado de la mar, el mar, azul de nuevo. Al fondo, los barcos balancean su casco al son de la marea. Las ol

Este rumor que siento...¿son tus labios?...

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Para ti, que no sabes... Honda pasión o grito ronco, qué importa. En vano lo pregunto cada tarde. En desigual batalla se plantea la lucha entre el tiempo que perdimos y el porvenir que acecha sin que sepamos cómo. En qué forma o motivo llegará hasta nosotros la huella de los días....En qué cuerpo hallaremos el consuelo que alivie un cansancio de siglos... Será posible, si los dioses son benevolentes, encontrar una música que nos guíe y que abra nuestros oídos a la vida.... Abres el libro y lo comprendes todo. Abres tu corazón al mismo tiempo. Sientes que el miedo tiene su cauce exacto. Sientes que desvaneces la amargura. Sientes que ese paisaje que perdiste ya es tuyo, que está tan recobrado como el dolor de ahora. Es nostalgia, no sabes, o es querencia, o es fuego o es ardor que no consume el ascua milagrosa de los ojos, la mirada encendida de los labios.  Abres el libro y el poeta se desnuda. Se muestra entre las líneas como si pretendiera elevarte a un espac