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"Torres de Malory" de Enid Blyton

Junto a mí, un voluminoso libro que la Editorial Molino publicó en 2013 recogiendo, nada menos, que todos los que Enid Blyton dedicó, con el título de "Torres Malory" a la historia de los seis cursos de este internado inglés para señoritas, transcurridas entre 1946 y 1951. Seis cursos, seis libros y, se supone, miles de vivencias para todas aquellas niñas que, en su día, los leyeron. Yo no estaba entre ellas, por razones cronológicas y en algún momento, creo recordar, hubo en mi casa alguno de esos tomos. Pero no fui lectora de "Torres Malory" así que ahora me he reencontrado con algo que nunca había conocido antes. Curioso, desde luego. Interesante, también. Amante de los libros como soy, he aquí una joya vintage que merece la pena comprar y leer. Quizá, también recomendar. 

Pensando en esto he caído en la cuenta de que nunca he leído literatura de niños. Cuando era niña leía, desde muy temprana edad, a Agatha Christie, por ejemplo. Y algún diálogo de Platón con doce años. Y, por supuesto, esos libros de los que se dice que son infantiles pero que, en realidad, no lo son, como "Platero y yo", "Alicia en el país de las maravillas", "Pinocho", "Las aventuras de Tom Sawyer" y alguno más. Fue precisamente este último, Tom y su vida, el que más me gustó, me impresionó y me sigue gustando. Otro dato biográfico. Los libros "para niñas" no me gustan. ¿Cómo es posible que ahora lea, sin embargo, tanto libro escrito por mujeres?.

Creo recordar incluso que en mi casa estaban "Los Cinco" y también "Los Siete Secretos", pero toda esa bullanguera descripción de las pandillas de chicos con perro me parecía insulsa y nunca me detuve mucho en ellos. El motivo por el cual ahora, esta mañana, me he parado a comprar esta edición no me lo preguntéis. No tengo ni idea. Alguna romántica pulsión nostálgica de algo que nunca estuvo en mi vida, quizá. 

Pero aquí está el imponente tomo, setecientas páginas ya digo, con su portada de cartón duro y esa simpática imagen de la chica, de Darrell Rivers "aquella muchachita que en el primer volumen tenía doce años y se sentía algo extraña en el internado de Torres de Malory, es ahora una guapa y simpática joven, muy eficiente y capacitada, que cursa su último grado". 

¿Cómo iba a gustarme leer la historia de unas chicas inglesas en un internado cuando yo vivía en total libertad, saltando y triscando por mi calle, yendo al colegio andando, junto con otras niñas, merodeando de un lado a otro, yendo a las salinas, haciendo, en fin, mi santa voluntad a todas horas?

¿Cómo iba a sentirme identificada con chicas que vestían de uniforme cuando en mi colegio, privado, laico y librepensador, cada una vestía como le venía en gana? 

Mi universo estaba tan lejano de este libro y sus gentes que resultaría absurdo buscar otra explicación más allá. No obstante, intentaré con él un experimento sociológico. Veré qué sienten leyendo algunos de sus capítulos otras chicas de hoy de edades parecidas. Será una forma de ver si es verdad que es un libro vintage o es un libro viejo simplemente. 

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