Ir al contenido principal

Una ciudadana ejemplar

A veces tiene uno que vivir en primera persona las experiencias más duras para entender algunas cosas. No es ningún consuelo, desde luego, al contrario, revela la dureza de la vida, cómo te zarandea, te cambia la mentalidad y te convierte en alguien que no eres. O que no pensabas que eras. 

Lidia Chukóvskaia y su marido, el físico, Matvéi Bronstein, eran del Partido. Ambos creían que sus postulados y sus acciones estaban encaminados al bien común. Así, hasta que se dieron de bruces con una realidad incuestionable: Matvéi fue apresado y ejecutado en 1938, aunque la versión oficial decía que estaba deportado y sin derecho a comunicación. Lidia Chukóvskaia vertió su sufrimiento y su incredulidad de la forma en la que sabía hacerlo, a través de la escritura. Era hija de escritor y, le misma, novelista, poeta, editora y crítica de libros. 
Una ciudadana ejemplar que había cumplido hasta entonces con la fidelidad debida a un régimen y a un estado de cosas. De buena fe, seguramente. Pero la pérdida de la persona a la que más quería hizo que entrara en una espiral de la surge esta novela, a mitad de camino entre la imaginación y la denuncia. Un documento que no parece serlo, porque se escribe con la frialdad suficiente como para que, ni siquiera, haya moraleja. También porque, cuando se escribió, en el duro invierno de los años 1939 y 1940, aún no se sabía qué ocurriría con todo aquello. La oscuridad no se había desvanecido. 

Errata Naturae ha puesto a nuestra disposición ahora esta novela, que no se  publicó en el país natal de la autora hasta 1988, aunque en los años sesenta ya circulaba por Estados Unidos. Su autora, nacida en 1907 en San Petersburgo y fallecida en Moscú en 1996, describe los hechos, situados en el marco de la Gran Purga de Stalin, con precisión analítica, sin apasionamiento, quizá porque no haga falta. Lo que ocurrió fue suficiente sin necesidad de adorno. Y lo vivió en primera persona, no se trata de relatos interpuestos, sino de la evidencia de su propio desgarro.

En la novela, Sofía Petrovna es una ciudadana ejemplar, como lo era Lidia, y es su hijo, Kolia, también fiel al Partido, el que sufre las consecuencias de la represión. La sinrazón de los regímenes totalitarios, la burla a la inteligencia que supone convertir a los ciudadanos en puros relojes de repetición de consignas, la aparente tranquilidad de las calles que encierran las brutalidades que se cometen a escondidas y, sobre todo, la conciencia clara de que no puedes esquivar los golpes, están ahí y te acabarán dando, por mucho que quieras asentir a todo. Nunca se es suficientemente buen ciudadano para determinadas mentalidades.


Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes