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"Mujeres enamoradas" de D. H. Lawrence



En algún lugar de este blog he hablado de David Herbert Lawrence, el escritor inglés que leí hace muchos años, que releí más tarde y cuyas frases, cuyo sentido, me vienen a la cabeza de vez en cuando. Es curioso cómo unos libros, unos escritores, se te quedan dentro para siempre, independientemente de los años que pasen o de la vida que tengas. Lo que hace especial a D.H. es que narra la pasión amorosa de una manera distinta a todos los que antes o después que él la han descrito. Es muy difícil hablar de sentimientos, de amor, de pasión, sin que caiga uno en lo chabacano, incluso en lo ridículo. Pero él lo consigue, porque desbroza los pensamientos, las sensaciones, de una manera especial. Es su mirada comprensiva hacia las emociones lo que lo distingue del resto. Es la ternura con la que entiende cómo los hombres y las mujeres de sus libros se dejan llevar, irremediablemente, por un río que no tiene retorno, que nace y desemboca en el mar, pero que no puede controlarse, salvo si se contradice su curso. Así entiende el amor D. H., algo alejado de la prevención, alejado de la mentira, algo distinto a lo planificado, algo a lo que no pueden sustraerse las personas. En muchos de sus libros aparecen estos sentimientos, estas inclinaciones, estos lazos, como él los califica. Para mí el libro en el que todo ello se presenta con mayor certeza es, sin duda, su novela "Mujeres enamoradas". 

No es fácil traspasar al lenguaje actual lo que el libro cuenta, pero puede hacerse, aún a fuer de parecer superficial. Aunque, al fin, todo es superficie, todo es piel. Dos parejas se encuentran en un momento dado de sus vidas. Una de las parejas está formada por Úrsula, una maestra, hija de mineros, una chica que desea cambiar de vida, que quiere alejarse de donde está, que no se conforma con palidecer día a día enseñando a los hijos de los mineros cosas que no quieren aprender y por Birkin. Rupert Birkin es un hombre atractivo, elegante, inspector de educación, que tiene una personalidad difícil que a Úrsula la atrae como un imán. Birkin no se deja deslumbrar por la riqueza de quienes son sus amigos, ni siquiera por la belleza. Él es un hombre de pensamiento, casi un intelectual, alguien a quien no se puede sobornar, un hombre puro. Es la pureza de Birkin lo que enamora a Úrsula. Presiente que con él podrá transitar hacia otros lugares, si no físicos, sí mentales, que ella necesita para poder llevar una vida luminosa. Lo quiere y sufre porque hay una parte de él que siempre se escapa, que no puede asir, por mucho que lo intenta. Rupert no quiere ser dominada, no quiere ser domesticado, quiere preservar su naturaleza libre y le cuesta por ello mismo abrir su corazón a Úrsula, a pesar de que la quiere, a su manera. 

La hermana de Úrsula se llama Gudrun y es una chica bellísima que ha vivido un tiempo fuera y que tiene aptitudes e inquietudes artísticas. Es una artista, de temperamento y de vocación. Estar lejos de los suyos, en un ambiente más cosmopolita y cultivado, ha hecho que tenga otras expectativas, ha hecho que aspire a más. Su belleza atrae a los hombres pero ella es inconformista y necesita tener lo máximo, necesita que su vida se colme en todos los aspectos posibles. Por eso se enamora del hombre más poderoso de la región, el más rico, el más atractivo, bello como un dios griego, nos dice el libro. Ese hombre es Gerald Crich. Gerald y Birkin son amigos y esta amistad es otro de los ejes de la historia, de una forma que pocas veces se ve reflejada en las novelas, pero que existe en la vida real, donde las relaciones no son tan cuadriculadas como suponemos. 

Úrsula y Gudrun quieren ponerle nombre a las cosas. Quieren que sus respectivas relaciones tengan futuro, sean algo. En ellas anida tanto el deseo de amar, como el amor mismo. Por supuesto, no se plantean tener hijos ni consideran que eso sea prioritario. En este sentido, D.H. abre una puerta diferente a la postura que la mayoría de las mujeres de la época solían mantener. Podíamos decir ahora con cierta prudencia que las dos hermanas son feministas, que luchan por ellas mismas, por sobresalir en un mundo de hombres. Pero olvidaríamos un factor que yo creo fundamental a la hora de enjuiciar este complejo entramado de relaciones. Ese factor es el de la clase social. Gerald Crich es rico y poderoso. Birkin es un alto funcionario. Ambos tienen una posición social y económica muy por encima de la de las hermanas. Ellas son de una familia humilde de mineros. Su conocimiento del mundo, su talento, su belleza, incluso su formación, no puede borrar esta circunstancia y este elemento, el de la clase social, el del dinero en suma, es algo que genera una considerable distorsión en las relaciones que se establecen. Al fin y al cabo, mujeres. Al fin y al cabo, mujeres pobres. 

La prueba evidente del papel que la situación económica y social de los personajes tiene en el desarrollo de este doble idilio es la presencia en el libro de una mujer poderosa, enigmática y antipática. Hermione, amiga de la familia Crich y enamorada de Birkin. Pero Hermione tiene posición, poder y dinero, lo que no tiene es el amor de Birkin, porque justamente él, no aprecia nada de esto como sustancial. La desdicha de Hermione es que su poderío no le sirve para nada. 

La descripción de las escenas amorosas es muy especial, como siempre hace este escritor. Es tan difícil escribir de amor, de sentimientos, de sexo por supuesto. Tan difícil. Pero él lo hace de una forma delicada, intensa, única, perfecta, minuciosa. Hay que leerlo. 

Comentarios

Masanobu ha dicho que…
Me encanta haber encontrado alguien más a quien le gusta D.H. Lawrence. Es justamente su forma tan especial e íntima de describir las relaciones que unen a los distintos personajes lo que me enamoró en El arcoiris, y luego en Mujeres enamoradas.
Caty León ha dicho que…
Cierto, estoy de acuerdo contigo. Saludos

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