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Lita y Nené

Mi amiga Milagros ha llevado a cabo estos días un acto heroico: me ha prestado un libro. Hace años que no presto libros y, si lo hago, el receptor o receptora me firma un Recibí en toda regla, en el que, a modo de contrato, se compromete a devolverme el libro si no se quiere aventurar a sufrir toda clase de castigos. Es lo que hay. Mi biblioteca es sagrada y eso de que os preste un libro y os lo quedéis por la cara, como que no.


Mi amiga Milagros es un poco heroína porque, ya os digo, me ha prestado un libro. El libro está escrito por dos mujeres y un hombre. Al hombre solamente le han dejado escribir el prólogo y se ha conformado con eso, lo cual que es un punto muy a su favor. Está bien escrito ese prólogo, la verdad, pero en él denota su condición inevitable de sevillano porque llama zaguán a lo que, en Cádiz, es casapuerta. Salvado este pequeño detalle, todo correcto. Bien, José Ignacio Artillo Pavón.

El resto del libro es cosa de mujeres. De dos. Lita y Nené. Una habla y otra contesta. Y así. Escriben cosas de su día a día, cosas de ellas mismas, cosas de lo que ven, cosas de casi todo. Y las respuestas, pues lo mismo. Si tú, mujer, lees lo que cuenta Lita a Nené o lo que cuenta Nené a Lita, vas a encontrar muchas palabras que has pensado, que has sentido, que has imaginado. Muchas preocupaciones y alguna tontería. Ya sabes.

No sé por qué, leyéndolo, me he acordado de mi madre y Manolita, de sus confidencias de "ropa tendida", de sus charlas junto al café o en la casapuerta. Ya véis, ellas podrían ser Lita y Nené, sin duda. 

Pero Lita y Nené son también, dos ciudades, dos lugares tan diferentes como cercanos. Lita escribe desde Sevilla y Nené desde Cádiz. Diferentes, sí. En forma de vida, en clima, en vocabulario, en las cosas de comer. Diferentes. Como diferentes son ellas dos, como variadas son las referencias que aparecen en el libro, que llegan, incluso, a Virginia Wolf. Con esta sencilla envoltura epistolar han cobijado una suerte de tratado de la filosofía de la mujer que hoy se pregunta cómo cojones sobrevive y además lo hace sonriente y mostrando su mejor cara. Así.

He tenido que leer el libro a toda prisa. Porque tengo que devolvérselo a  Milagros y no quiero ser como esa gente que se queda con los libros prestados. Eso está feo, muy feo. Pero queda aquí, en este blog, la noticia de su existencia y también el gesto de Milagros. Al fin, todo me parece lo mismo. Dos amigas se escriben, comparten sus pensamientos, sus ilusiones, sus miedos, sus angustias, su cachondeo. Milagros comparte conmigo el libro, con lo que todo queda entre mujeres. Bien. 

Por si quieres buscarlo por ahí. El libro se llama "Arrobadas. Dos mujeres a la carta". Ellas son Lita Gómez y Nené Ortiz. Y Milagros es Super-Milagros, qué más decirte. 

(Si tú estuvieras, si no te hubieras ido, si no existiera esta ausencia tan espesa, podría contarte cosas del libro, de Milagros, de miles de cosas que este año han ocurrido. Pero no estás. Queda callarse y escribir al aire.)

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