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Mostrando entradas de marzo, 2013

Natsumi y el pez (I)

Cumplir quince años es entrar en el reino del amor. Hasta entonces puedes preguntarte con auténtico interés qué es lo que se siente, qué pasa cuando te besan, en qué consiste ese cosquilleo del estómago, leve e impredecible… Pero no habrás tenido la oportunidad de sentirlo, si no contamos cosas como un devaneo sin importancia, algo carnal y que no puede confundirse con el verdadero amor.             A los quince años es otra cosa. Así lo entendió Natsumi, que quiso perpetuar su amor y el nombre de su amado, aunque éste no ha llegado hasta nosotros. Escribió una carta larga, llena de puntos suspensivos, palabras entrecomilladas y corazones pequeños y rojos. La leyó muchas veces antes de doblarla, pues no quería que las palabras expresaran cosas diferentes a las que ella quería decir. Después de todas esas veces comprobó que no era fácil expresar lo que sentía pero que, al fin y al cabo, sólo disponía de esas palabras para combinar y escribir. El tic-tac de su corazón se convirtió e

Natsumi y el pez (II)

(Viene de la entrada anterior) Un día que estaba especialmente triste entró en Internet. Allí, en el espacio blanco y rectilíneo del buscador, tecleó una frase: “no siento nada, sólo tengo miedo”. No era una frase inventada, ni elegida al azar. Era su frase, la que se repetía a sí misma cada día. Al instante, tras pulsar la tecla grande con la palabra Enter, se desplegaron todas las direcciones en las que aquella frase aparecía. Exactamente quinientas veinticuatro. Las primeras direcciones no significaban nada, una amalgama de palabras sin sentido. Pero, la que hacía el número doce escondía un poema entero. He aquí el poema que Natsumi leyó:   Hace frío. He encendido la lumbre He colocado los pies sobre un cojín dorado La ventana entreabierta me devuelve la luz Pero mi corazón está desierto.      N o siento nada, sólo tengo miedo Ya lo he perdido todo, no sé dónde encontrarme Es el tiempo de otros lo que vivo Para mí ya no tienen dulzura las palabras.