Ir al contenido principal

Un americanista en Sevilla: Adiós a Morales Padrón


Todos los que estéis interesados en la Historia de América, ese mundo apasionante que te lleva por terrenos que, a nosotros los españoles nos resultan cercanos, tenéis que conocer la obra de Francisco Morales Padrón, Catedrático de Historia de América en la Universidad de Sevilla y que ha muerto hace pocos días. A pesar de su origen canario (o quizá por eso mismo) Morales Padrón (Don Francisco le llamábamos sus alumnos) se integró perfectamente en Sevilla o, mejor dicho, la entendió desde el principio, aunque Sevilla no lo entendió a él. En sus obras escritas hay muchas referencias a la ciudad a la que siempre miró con admiración y sorpresa. Durante el tiempo que lo tuve de profesor, en la especialidad de Historia de América en la Universidad, hace ya muchos años, Don Francisco tenía una amplísima actividad investigadora, en la que sus alumnos colaborábamos, como es costumbre en los departamentos universitarios. Su prestigio en la Universidad de Sevilla, en concreto en la Facultad de Geografía e Historia, era ya incuestionable y siguió creciendo con el paso de los años. Aprendí muchas cosas de él en la asignatura "Historia de los Descubrimientos" y por eso ahora siento su muerte y he vuelto a releer algunos de sus libros. También pienso en la suerte que he tenido como alumna, al tener a tan grandes maestros y profesores, algunos de los cuales me vienen ahora a la memoria, como si fuera un homenaje interior: la señorita María Ángeles Maura, de la escuela; Paco Pedrote, Don Alberto Agudo, Don Rafael Monzón, del Instituto; Genaro Chic, Juan Manuel Suárez Japón, Don Antonio de la Banda, Enrique Valdivieso, Alfonso Braojos, Jesús Palomero o Jorge Bernales, de la Universidad... Gente de la que aprender tantas cosas...

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes