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Talento, trabajo, superación, esfuerzo...


Esta mañana ha tenido lugar la charla de Fernando Iwasaki en la biblioteca, a tres grupos de alumnos. Espero que los alumnos hayan aprendido cosas sobre Vargas Llosa, el motivo central de la charla. Y también sobre algunas cuestiones importantes, que pueden servirles para siempre y para su vida.

Porque Iwasaki, en un discurso tan bien hilado como bien explicado, ha comenzado la trayectoria de Vargas Llosa desde el principio (y tanto, desde el momento en que nace sin padre), para llegar hasta el hecho de que obtener el Premio Nobel de Literatura no es lo más importante que ha hecho. Como dice Iwasaki, obtener el Premio Nobel es algo que no está al alcance de cualquiera, pero sí lograr que una vida, que estaba destinada de antemano al fracaso (al fracaso escolar, al personal, al profesional) se convierta en una vida plena.

Y todo gracias a algunos elementos que son decisivos en la vida de Vargas Llosa (y en la vida de cualquiera de nosotros, como bien ha sabido recalcar el conferenciante): talento (para empezar), trabajo diario con un horario que cumplir y sin saltarse las obligaciones que ello conlleva (eso significa perseverancia y voluntad); superación (partir de lo más difícil y de lo más bajo, para ir subiendo peldaños en todos los aspectos) y esfuerzo (afrontar las cosas que nos suponen más complicación, no tirar la toalla).

He aprendido muchas cosas sobre Vargas Llosa que no conocía, porque Iwasaki ha sabido dar una visión cercana y certera, que no se aprende en los libros y que nace del contacto directo con la persona y, sobre todo, del conocimiento de su entorno vital, de su país, Perú, que ambos comparten como lugar de nacimiento y crianza. Porque es muy difícil, imposible, imaginar a un Vargas Llosa sin Perú, sin ese lugar tres veces y medio más grande que España, del Tercer Mundo, con múltiples carencias, con miseria y con una sociedad anclada en épocas pasadas, que vio nacer a Vargas Llosa en circustancias difíciles y con casi ninguna esperanza.

Vargas Llosa nació sin padre, encontró a los diez años a un padre que no le trajo sino tristezas, tuvo una mala escolarización, pasó por no sé cuántos colegios e internados, se mudó de ciudad cien veces, era pobre y no tenía nada...salvo un gran talento natural para el lenguaje, para las palabras, salvo un gusto especial por leer y por aprender, salvo un deseo de conocimiento inusual, salvo un amor innato por la literatura y por la comunicación humana a través de las palabras...

Todo eso fue su tabla de salvación. Y nos enseña que estamos obligados a usar nuestros talentos, porque para eso nos han sido dados (sean los que sean, aunque nos parezcan pequeños e insignificantes) y, segundo, que nada está perdido de antemano, que se puede y se debe luchar contra los elementos, contra los cíclopes, contra la pobreza, contra la miseria, contra la sinrazón y la marginación...

He aprendido muchas cosas esta mañana. He recordado otras. He coincidido con Iwasaki en que la cultura nos salva. Y he deseado que nuestros alumnos, esos 90 alumnos que estaban sentados en las sillas rojas de la sala de lectura de la biblioteca, hayan captado el mensaje: Id a por todas, les ha dicho Iwasaki. Conscientes de que no todos podemos ser ingenieros ni médicos, pero que sí podemos (y debemos) ser felices haciendo aquello para lo que hemos sido dotados, para lo que nos hemos preparado, lo que nos va a salvar de casi todo.

Y, de paso, os recomiendo leer a Vargas Llosa, cualquiera de sus obras. Iwasaki nos ha recomendado "La fiesta del chivo". Quizá prefiráis "El sueño del celta" que es su última novela. En la biblioteca hay cuatro o cinco obras suyas y pronto habrá más. Seguro que encontraréis en ellas la razón última de lo que hoy hemos aprendido y muchas más cosas.

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