Del rosa al amarillo


Me preguntas por qué
me demoro en los bosques,
enredado en las huellas
de las horas perdidas.
No sabría decirte
qué me retiene en ellos,
si fuera la paciencia de los líquenes,
el rubor contenido de las bayas
o la revelación de aquellos días
en los que fuimos hijos de la niebla,
seguidores del fuego
que sólo por nosotros
encendían los dioses.
O esa forma que tienen
las hojas amarillas
de recordar tus manos.
O esa ocasión de verme
sin ti, contigo a solas,
decantando las sombras lentamente
hasta obtener el néctar de la luz...
Los labios de la tarde sonriendo
entre un rumor de otoño estremecido.
(Poema de Carlos Aganzo)

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