Ir al contenido principal

Inocente Edith


"La edad de la inocencia" es un libro apasionante. Porque retrata caracteres humanos de gran fuerza y rotundidad. Ahí está, en sus páginas, Ellen Olenska, la condesa, que, al volver a su ciudad de origen, Nueva York, después de una vida convulsa, es capaz de poner en pie los cimientos de una sociedad que, aunque intenta mantenerse, está a punto de desaparecer para siempre, absorbida por los nuevos usos y costumbres y por los ricos emergentes. Para los europeos quizá resulte extraño pensar que en los Estados Unidos existe también el concepto de "nobleza" pero es así y está encarnado en una serie de "familias patricias" descendientes de los fundadores que se asentaron allí en primer lugar y que detentan el poder político y económico. En los años finales del siglo XIX, en los que se ambienta esta obra, esa circunstancia era patente. El arribismo de los nuevos ricos, de los advenedizos, amenaza con terminar con la existencia idílica de estas familias, que emparentaban los unos con los otros y definían los usos y costumbres de lo que se consideraba de buen tono.

El personaje de Ellen Olenska es turbio y, al mismo tiempo, inocente. Porque no se da cuenta de la magnitud del seísmo que provoca. En este sentido, aunque parezca extraño, su oponente femenino en la historia, la joven May, tiene una mayor sabiduría práctica, a pesar de ser una "niña bien" que ni ha viajado ni conocido mundo. Pero encarna el conocimiento heredado, de su madre, sus abuelas y tías, acerca de "lo conveniente y lo inconveniente", sobre todo en lo que se refiere al comportamiento femenino con los hombres.

El triángulo se completa con Newland Archer, un joven de la misma buena sociedad que se describe, que se muestra incapaz de evitar la atracción que le inspira la condesa Olenska pero que, siguiendo un guión ya escrito, tampoco puede huir a un destino conyugal ya escrito. Todos estos sentimientos, deseos, vidas enfrentadas, se encuentran en el telón de fondo del Nueva York de 1870, que la autora, Edith Warton, escritora y diseñadora de interiores, experta paisajista, conocía tan bien, porque ella misma formaba parte de ese mundo, a pesar de su vida heterodoxa en muchos aspectos y su amistad con literatos y artistas, lo que otorga a su vida un punto bohemio que no estaba previsto en su entorno natural ni social.

Leí "La edad de la inocencia" hace muchos años y la releo algunas veces. Después he buscado y encontrado otras obras de su autora, pero en ninguna he conseguido hallar ese espíritu, a la vez decadente e incendiario, de esta obra. Luego, cuando Martin Scorsese filmó la película, con actores de gran valía como Michelle Pfeiffer, en el papel de Ellen Olenska, Winona Ryder, en el de la joven May y Daniel Day-Lewis, en el de Archer, fui a verla con cierta prevención, inevitable, cuando un libro te impresiona, no solamente por lo que cuenta, sino por el "aire", el "ambiente" que es capaz de crear el autor y que te hace vivirlo desde dentro. Así, mis temores se vieron plenamente confirmados. La película es una buena película, una película hecha con talento, pero no puede evocarme lo que sentí al leer el libro y por eso, cuando lo releo o cuando lo pienso, como ahora, mis personajes son gente sin rostros, imágenes evanescentes, figuras incompletas, sin la cara y el gesto de los actores, prueba inequívoca de que lo se percibe a través de la palabra es muy difícil de transformar en imagen. Ya conocéis mi lema: una palabra vale más que mil imágenes.


Os recomiendo decididamente que leáis el libro y que extraigáis de él algunos fragmentos que, puestos al alcance de los alumnos, les van a permitir hacerse una idea fidedigna, casi como si fuera un ensayo, de la sociedad norteamericana, de sus clichés, sus debilidades y fortalezas. Conocerán un mundo que se oculta muchas veces tras la visión estereotipada de ese país que esconde muchas cosas, tras su apariencia plana. Asimismo, a los alumnos les interesará ver la película, que puede complementar muy bien la visión literaria que obtengan de los textos. Una vez todo ello realizado, os invito a que entréis en esta página web de contenidos, en la que hallaráis, aparte algunas explicaciones que os ayudarán a organizar el trabajo, una serie de preguntas e interrogantes para que los alumnos puedan participar de forma activa en la reflexión sobre lo que han visto y leído.

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes