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Muselinas

(Francisco de Goya y Lucientes. La Tirana. Academia de San Fernando. Madrid, 1788/89) Si lees con atención "La abadía de Northanger" de Jane Austen, recordarás la charla que mantiene el señor Tilney con la señora Allen en uno de los salones de baile de Bath al poco de conocerse. La charla es sobre vestidos y, cómo no, sobre muselinas. La muselina es la reina del vestido en el siglo XVIII europeo y por eso aparece una y otra vez en los libros de Austen, en los retratos de los artistas pictóricos y en todas las recreaciones bien hechas de esa época. Para llegar al estilismo que lucen Elizabeth Bennet, o Elinor Dashwood o Emma Woodhouse, la moda había recorrido un camino interesante. Y ese recorrido tiene tanto que ver con la propia evolución del gusto femenino como con los acontecimientos políticos y sociales, también económicos. La moda no es algo ajeno a la vida, sino todo lo contrario, una muestra evidente de qué somos y cómo vivimos. Por eso resulta tan atractivo d
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Emma y los bailes de sociedad

Ocupar el ocio es una de las preocupaciones de las sociedades avanzadas. Cuando uno tiene asegurada la supervivencia, no tiene que ir a cazar animales para obtener pieles ni alimento, cuando la vida sigue su curso organizadamente, entonces nos encontramos con que hay tiempo libre que llenar. El baile también es cosa de ciudadanos educados, como decía el señor Lucas en "Orgullo y prejuicio". Claro que el señor Darcy le contestaba que también lo era de las sociedades menos avanzadas: "Todos los salvajes bailan", fue su sarcástica respuesta.  Emma Woodhouse y sus vecinos poseen las diversiones de la gente como ellos en el tiempo en que vivieron. Jugar a los naipes, a los acertijos, a las charadas o a los juegos de palabras, conversar, hacer visitas, pasear por el campo, cenar fuera o asistir a una velada musical en casa de algún conocido, tocar el pianoforte, leer y contestar cartas, hacer representaciones teatrales caseras, bailar...Además de estas actividades, las jó

Lidia Bennet, las cartas y las mujeres solteras

Cuando Lidia Bennet vuelve a casa después de su escapatoria con Wickham lo hace convertida en una mujer casada. Ya sabemos que para que la boda se celebrase, el señor Darcy tuvo que pagar cierta cantidad de dinero y buscarle, además, un empleo militar en el norte. Pero como Lidia es una muchacha sin sentido común, descerebrada y frívola, no repara en que su situación no es nada envidiable. Al contrario, presume de ella ante sus hermanas y adopta una actitud parecida a la de quien ha hecho una gran boda. La manera en que se presenta ante su familia y su comportamiento los días que el matrimonio pasa en Longbourn dan fe de ello.  Pero, además, cuando llegan las despedidas y, muy a su pesar, ha de subir al carruaje que la conducirá lejos, no deja de recomendar a sus hermanas que le escriban. Mandadme cartas, les dice, escribidme, ya que vosotras, como sois solteras, no tenéis otra cosa que hacer y yo estaré muy ocupada, porque las mujeres casadas no tenemos tiempo de nada. Esta filosof

Cuarto y mitad de pollo con ternura

(Plaza de las Flores, anexa al Mercado Central. Cádiz)  El Mercado de San Gonzalo de Triana (la "plaza" para los gaditanos) es un espacio multicolor, variopinto y abigarrado. Paseas entre sus puestos y encuentras siempre un motivo para detenerte, no solamente por la calidad del producto, sino por el encanto de los vendedores y de sus charlas con los clientes. Es un lugar de estancia y no solo de paso. Y lo llamo "la plaza" porque, pasando el tiempo, más vuelvo a mis raíces, más me gaditanizo. Es como esos amores que parecen dormidos pero que, a poco que sacudas las sábanas del recuerdo, aparecen radiantes, enteros, como siempre.  Se han puesto ahora de moda los mercados gourmets en los que la gente, a más de comprar viandas escogidas, puede darse a la conversación delante de un pinchito o de un vermut. Cosa grande esta que han hallado ahora los emprendedores, pero que en mi tierra, en Cádiz y en La Isla y en Chiclana, existe desde antiguo. Entonces lo d

Lo gótico y lo sublime

  "La ciudad de  Londres  vista a través de un arco del puente de Westminster" Canaletto En la novela gótica se vuelven los ojos al mundo medieval y allí se sitúan historias excesivas y transgresoras, rupturistas con la razón y lo lógico. Aparecen elementos exóticos, argumentos inexplicables y lugares atrayentes pero también oscuros, terribles, llenos de elementos misteriosos y personajes atrabiliarios. Castillos, fosos, celdas, paisajes tenebrosos, tormentas, desapariciones, búsquedas, engaños. A finales del siglo XVIII la novela gótica era la lectura más apreciada por ese público formado por clases medias emergentes que se incorporan a la vida cultural. Es esta clase social, la burguesía, la que se aficionará a la lectura y dará lugar al fenómeno del intercambio literario a través de los libros. La novela es, por eso, el género por excelencia.  Para Edmund Burke la fuente de lo sublime está vinculada a lo terrible y doloroso. Así lo cuenta en un párrafo de su obra Indagació

Karen Radkai: toda mujer necesita un sombrero

Karen Radkai nació en Munich, en 1919, en un tiempo difícil para la vida cotidiana, pues la familia perdió su fortuna con la inflación. Sus padres se separaron muy pronto y la abandonaron, por lo que se crió en un convento. Pasó su infancia en Italia y se marchó a los Estados Unidos a finales de los años treinta. Se casó con un fotógrafo del que tomó el apellido, Paul Radkai. Tuvo cuatro hijos.  Dirigió algún tiempo el estudio fotográfico de su marido y empezó a colaborar con Bazaar en 1949. Murió en 2003. Trabajó para diversos medios especializados en moda, como Vogue, Harper's Bazaar y Bride Magazine. Tuvo una casa en Cadaqués y trató a artistas como Dalí o Man Ray. Era una profesional muy rigurosa, muy disciplinada y era famoso su aprovechamiento del tiempo de trabajo, sin concesión alguna a las distracciones. Además de fotografía de moda, hizo retratos de actores y gente famosa de su tiempo y también de interiores de casas.  Karen Radkai, 1949, con su fiel Rolleiflex (también u

"Como vana sombra" de Jane Hervey

  Se sabe muy poco de Jane Hervey, seudónimo de la inglesa Naomi Blanche Thoburn McGaw. La página web de la editorial Alba ofrece escasos datos sobre su biografía. Tampoco hay apenas nada en Internet. Escribió una única novela, que tardó más de diez años en ver la luz porque, seguramente, suponía lo que iba a ocurrir con ella: su familia le retiró el saludo. Esto nos da pistas acerca de dónde surge el contenido. De su propio entorno. La única foto existente nos la muestra como se ve en la imagen, guapa y con aire de inteligencia, con una media sonrisa casi enigmática. Jane Hervey nació en Sussex, Inglaterra. Pertenecía a una familia acomodada y tuvo una educación esmerada, primero con institutrices, como era costumbre en las clases altas, y luego en la escuela femenina local. En 1941 contrajo matrimonio pero su marido fue destinado al extranjero en la guerra y entonces ella inició una relación con Franklin Stuart Wilder, con quien tuvo una hija. Su siguiente esposo fue el mayor George