Ir al contenido principal

¡Si pudiéramos ir a Brighton!

 


(Fotograma de "La joven Jane Austen", 2007)

¡Si pudiéramos ir a Brighton! La frase de la señora Bennet resuena en el saloncito de diario de Longbourn. Acaban de enterarse sus hijas de que la milicia se va de Meryton y conocen lo que eso significa: no va a haber ni un solo casaca roja en los próximos bailes. En realidad, quién sabe si habrá bailes, teniendo en cuenta la escasez de hombres jóvenes...

¡Pobre Lydia! Todo su quehacer, a falta de otras tareas más instructivas, se basa en atisbar la posibilidad de encontrar pareja para el baile o para el paseo, además de mirar escaparates en busca de sombreros. Incluso puede comprar un sombrero muy feo, porque, total, ya lo arreglará más adelante. Esa es Lydia Bennet, la cabeza de chorlito más famosa de todas las novelas de Jane Austen. 

Lydia es el ejemplo claro de que la juventud y el atractivo no sirven de nada sin sentido común. Eso es lo que piensa Jane Austen. El desasosiego de Lydia se debe a que no se distrae con nada, por eso anda todo el día quejándose de aburrimiento y comiendo de más. Depende de que haya algún baile para poder cansarse a tope y bailar con efusión la contradanza con un casaca roja atractivo y simpático. Eso mismo pensaban muchas muchachas en la época pero a Lydia la conocemos mucho más porque, en "Orgullo y prejuicio" es un personaje importante. Precisamente su locura y su poca cabeza desencadenan algunas acontecimientos decisivos. Una genial envolvente. 

Sin embargo, no está sola en su aflicción. La acompaña ardorosamente su hermana Kitty y también, hay que decirlo, su propia madre, la señora Bennet: 

-Recuerdo-dijo la señora Bennet- que lloré dos días enteros cuando se marchó el regimiento del coronel Millar. Creí que se me rompía el corazón. 

Kitty Bennet no es tan atrevida como Lydia pero se le parece. Tampoco tiene ninguna ocupación sensata en todo el día y, por eso mismo, cuando puede obtener distracción cotilleando o dando vueltas por Meryton en busca de noticias de los militares, eso le supone salvar el día. No le gusta el invierno, ni el frío ni la nieve, porque eso las priva de paseos, y adora la música y los bailes. 

Desde que se supo que la milicia acantonada en Meryton cambiaría de destino, una parte muy significativa de las mujeres Bennet ha perdido la alegría. Solo Jane y Elizabeth siguen a lo suyo, lo que quiere decir preocupaciones, cada una por un motivo diferente. Pero en el fondo desean que el campamento se levante y sus hermanas puedan recobrar la cordura. No obstante, la insistencia de ellas tres para ir a Brighton provocará los dolores de cabeza de su padre y el señor Bennet no quiere problemas. Solo ama la tranquilidad de su biblioteca y que nadie llegue a contarle historias. Tanto él como la señora Bennet no son ejemplo de padres de familia ocupados por su prole, todo lo contrario. Hay una gran dosis de egoísmo en los dos. 


(Una escena de baile en "Sentido y sensibilidad", serie de la BBC, 2018)

Sin embargo, resulta curioso esta adicción a los casacas rojas porque entre ellos no había gente de fortuna, con ellos no se podía hacer un buen matrimonio. La mayoría se alistaron cuando la guerra contra el francés y ninguno tenía medios de vida. El ejemplo que aparece en "Orgullo y prejuicio" es el del propio Wickham, que se apunta a la milicia ciudadana porque así tenía un sueldo y podía pagarse sus caprichos, aunque ya sabemos que dejó un montón de deudas en la ciudad. Curiosamente, también Jane Austen tuvo un hermano que perteneció a estas milicias, Henry, antes de dedicarse a temas administrativos en el ejército. La diferencia que había entre las milicias y el ejército regular es que las primeras solo tenían carácter defensivo por lo que nunca entraban en batalla, salvo que Napoleón hubiera invadido la isla, que no fue el caso, a pesar de que este hecho quitaba el sueño a la gente. 

Los tipos de uniforme no abundan en las novelas de Jane Austen y menos como protagonistas. La única excepción es Frederick Wentworth, en "Persuasión", su novela triste y crepuscular, escrita cuando ya la guerra había terminado y comenzaba el escaso tiempo durante el cual disfrutó la paz. Wentworth es un militar de carrera, lo que lo diferenciaba claramente de los militares de leva. También sus hermanos Francis y Charles fueron militares, almirante y contralmirante respectivamente. El primero de ellos, que obtuvo el título de Sir y vivió hasta los noventa y un años, participó en el bloqueo de Cádiz. El asedio de Cádiz es como se le conoce al sitio de Cádiz y San Fernando que tuvo lugar el 5 de febrero de 1810 tras la derrota en la batalla del Portazgo del ejército napoleónico, estableciendo un cerco a la ciudad de Cádiz y San Fernando hasta el 24 de agosto de 1812.


(Recreación del sitio de Cádiz durante la conmemoración del Doce)

La falta de voluntad del señor Bennet a la hora de mantener su criterio en la educación de sus hijas se demuestra con toda claridad en que termina cediendo a las presiones continuas de su esposa y de sus hijas pequeñas para que vayan a Brighton. Una forma de ceder que resulta, a su juicio, barata y que no genera mayores molestias a las demás. Así Lydia es invitada a acompañar a la esposa del comandante de la guarnición en calidad de amiga. Eso era frecuente en la época, pues los matrimonios acogían temporalmente a algunas chicas jóvenes, de familias conocidas, con las que actuaban a modo de carabinas. En este caso, esa actuación, como sabemos, fue desastrosa, porque Lydia termina escapándose no se sabe dónde con Wickham, y ahí empieza una parte de tragedia que, al final, pone de manifiesto el interés de las hermanas mayores Jane y Elizabeth, por preservar su reputación para así lograr hacer un buen matrimonio. Pueden ser chicas que desean casarse por amor, incluso chicas que tengan su punto de romanticismo, dicho en sentido general, pero ante todo son sensatas y saben que un acontecimiento de esa índole las puede marcar para siempre. La prueba del amor que Darcy siente por Elizabeth es que se pone de su lado en esta cuestión y, además, la soluciona a su modo. Es decir, que a Darcy le resulta muy conveniente poder ejercer su papel de paladín de la dama en apuros y en este aspecto la novela adquiere un carácter más "novelesco", valga la redundancia. 

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes