Ir al contenido principal

Blanche Knopf: cuando editar es un arte

 


(Blanche Knopf en 1920)

Blanche Knopf nació, en el seno de una familia judía bastante irregular por el origen de sus padres, el 30 de julio de 1894 en Nueva York. Aunque en esa familia no había una especial dedicación al mundo de la cultura, ella amaba algo sobre todas las cosas: los libros. Por eso encontró su alma gemela en Alfred. A. Knopf, al que conoció en una fiesta en 1911 y con quien asumió la tarea de crear una empresa editora, la Alfred A. Knopf Inc., de 1915, que tuvo importancia excepcional en el conocimiento de los autores hispanoamericanos y europeos en los Estados Unidos. Además, tuvo la intuición clara de apoyar a los autores del realismo, de la novela negra que emergía y de la escritura más novedosa y experimental. Entre los autores europeos que publicó están Freud, Camus, Gide, Sartre, De Beauvoir o Thomas Mann. Con respecto a los americanos, ahí están Updike, Willa Cather, Raymond Chandler o Dashiell Hammett, entre otros. 

La valía de sus autores llevó a que muchos de ellos consiguieran el Premio Nobel de Literatura, entre otros premios importantes. El prestigio de los Knopf en la edición fue prácticamente mundial. Toda su peripecia vital y profesional está en la biografía que ha hecho de ella Laura Claridge, en la que destaca su olfato para encontrar buenos escritores y para conocer el gusto del público. En sus muchos viajes tuvo ocasión de tratar directamente con aquellos que todavía no habían dado el salto a la gran edición y de sacarlos del anonimato. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes