"Un gin tónic en pijama" por María José Peña

 


(Foto: Patrick Demarchelier)

El Cameo de María José Peña. Una historia íntima con su toque de nostalgia y de emoción poderosas. 


"Le pesaban los ojos. Llevaba toda la tarde leyendo y la luz no era la adecuada, pero, absorta en la lectura, había olvidado, como tantas otras veces, encender la luz mientras la tarde declinaba y el anochecer se apoderaba de las horas.

Cerró el libro y advirtió que, sumida en la vida de otros, se le había acabado  su propia tarde. Salió a la terraza amplia y luminosa bajo las encendidas farolas que automáticamente se encendían a las seis. En invierno a las seis es noche cerrada. El aire frío le azotó brevemente el rostro templado por la calefacción del interior. Después de las ráfagas de viento de los últimos días, el aire estaba en calma y un sosiego grato la invadió. La luna brillaba encendida. Luna llena, se dijo, como siempre que sucede algo grato en mi vida. Y no supo por qué pero se alegró, como si esperara algo, como si algo inesperado aún pudiera suceder en este día de invierno y casi confinamiento en que, pasado el día de Navidad,  el año está a punto de terminar.

Le solía pasar. Especialmente desde que le dieron el Alta en el Hospital, hace ya dos meses, especialmente desde que pensó que no volvería…  Pero volvió. Y ahora tenía eso que una amiga suya llamaba “niebla en el alma”, un malhumor frecuente, un despiste constante, un ensimismamiento antes infrecuente. Pero no,  a ella la “niebla” le duraba poco. Era curioso pero más que melancolía lo que le llenaba el alma era la alegría. Esa alegría salvaje que la devoraba a veces, esas ganas de vivir que frecuentemente despertaban en ella casi sin freno, después de  tantas veces  sofocadas.

Envejecía, así la veían los demás y los médicos. Pero así no se veía ella más que cuando se miraba en el espejo y eso no era muy frecuente. Ella se veía con otros ojos, ella era ella  misma, la de siempre, la mujer sin edad, la de la misma  alma de siempre, la de la misma mente insatisfecha y curiosa de siempre, la misma niña de antes, la misma joven inexperta y tímida, la misma mujer que… 

¡Basta!. 

¿Qué broma macabra es ésta en la que envejece el cuerpo pero no la mente ni el corazón?. ¿Y qué tontería es ésta de sucumbir a la falta de visión de los demás?. No; ya no.

Giró la vista alrededor. La noche era fragante a pesar de ser invierno,  y la luna llena…

Entró de nuevo en casa y encendió las luces. Puso a Santana, le gustaba su música y tomó un bombón de licor de la bandejita que se hallaba sobre la mesa pastelera. Lo degustó con placer. La música empezó a derramarse por sus sentidos. Se preparó un gin tónic y lo agitó brevemente.  Después se fue al dormitorio y se puso el pijama. Canturreaba.

Al volver, mientras Santana tocaba “Flor de luna” y el hielo rebajaba su volumen en el vaso, ella se sentó en su sillón favorito, echó la cabeza atrás y, sin edad, se dispuso a disfrutar de la noche.  La música seguía sonando."

María José Peña

María José Peña es una activista de la cultura. Vive en Barcelona y desde su dinámico perfil de Facebook comenta la actualidad con su punto de vista original y siempre honesto. Es una excelente escritora de relatos y sus entradas en Facebook guardan siempre una historia. Recientemente uno de esos relatos ha pasado a formar parte del libro "Otra vez ayer. Relatos desde la cabaña". Además de la lectura y la escritura, sus intereses abarcan el amplio mundo de las artes, la música y observación del devenir político e histórico de nuestro mundo, que analiza con una mirada lúcida y personal.