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Mostrando entradas de septiembre, 2020

"Mirarse de frente" de Vivian Gornick

Este es el tercer libro que leo de Vivian Gornick, los tres editados por Sexto Piso. El primero fue "Apegos feroces", el segundo "La mujer singular y la ciudad" . Ambos están reseñados en este blog. En ellos, en esa mezcla de autoficción y de reflexión sobre la vida y las relaciones humanas, pueden encontrarse claves que todos hemos manejado alguna vez. No importa que seas de Santander o de Wisconsin. La naturaleza humana, lo dijo la gran Miss Marple, es la misma en todas partes. Las miserias y las grandezas, la envidia y el perdón, el amor y el odio, todo se convierte en un gran espectáculo de emociones y sentimientos que terminan por ser el motor de la existencia entera. Lo demostró Shakespeare en ese caleidoscopio magistral que forman sus propias obras. En "Mirarse de frente", Vivian Gornick continúa ese ejercicio narrativo que consiste en desmenuzar para nosotros algunos episodios de su vida y hacerlo sin mezquindad y sin excusas. No es nada fá

Sanditon, la historia inacabada

Pocas imágenes más acertadas para representar "Sanditon" que estas mujeres en la playa de Sorolla . Los vestidos blancos, las telas suaves, las sombrillas, los sombreros de paja adornados con lazos y flores, todo nos da la imagen de la cercanía del mar en aquellos años. Aunque el pintor nació en 1863, en plena época victoriana inglesa, ya se anticipaba en la novela el cambio de moda. Cuando la guerra entre Francia e Inglaterra termina, en 1815, el vestuario dejó atrás algunas costumbres propias del Directorio francés y se va adentrando en lo que será la moda victoriana. Cinturas en su sitio, cuellos altos, mangas largas, crisolinas, faldas de capa, todo muy distinto de la clásica, sencilla, elegante y simple moda georgiana.   Jane Austen escribe "Sanditon" , en 1817, es decir,  en un momento de transición. La obra de Sorolla en lo que se refiere a las escenas de playa bien puede darnos una idea de la efervescencia que produjeron en las familias de entonces l

"Felicidad" de Mary Lavin

Una cuentista irlandesa. Si no por su lugar de nacimiento, sí por sus raíces y su estética. Los irlandeses nunca dejan de serlo, aunque nazcan en Boston. Eso es Mary Lavin. Una cuentista  irlandesa, anterior en su época a la gran dama de las letras de Irlanda, Edna O`Brien. Decir una cuentista irlandesa es decir mucho. Errata Naturae ya había publicado otro volumen anterior "Un café", que tuvo mucho éxito entre lectores que descubrieron a una narradora nueva en España. Este es el segundo volumen de cuentos que sale a la luz y que contiene una selección de lo mejor de Mary Lavin. La vida cotidiana puede narrarse de muchas maneras, todo depende de la mirada. Como los fotógrafos que atisban en la soledad, el silencio, el griterío o la generosidad, un destello que ha de ser reproducido, así Lavin escribe con su propio lenguaje aquello que ha imaginado, presentido o visto. Eso es, en realidad, un cuento, una llamarada, un instante, una reproducción infiel de la realidad o del

"Mujeres excelentes" de Barbara Pym

   B arbara Pym (1913-1980) es una de esas escritoras a la que hay que reivindicar. Le costó muchísimo publicar y, cuando lo consiguió, tuvo luego un vacío de quince años sin que ninguna editorial se interesara por sus libros. Puede decirse que fue la persistencia en preservar su legado de su hermana Hillary la que evitó el olvido total. Así se escribe la historia de la literatura. Mientras se publican bodrios infumables hay casos como este (muchísimos y, la mayoría, mujeres) que se quedan en un cajón. Creo que en ello hay un desprecio a la literatura que se considera "femenina" sin serlo, una prepotencia editorial sin límites.     I ncluso ahora, considerada ya un clásico del siglo XX, en castellano solo se han publicado cinco de sus libros. La primera editorial que lo hizo fue Anagrama, en 1985, con Mujeres excelentes , que, en 2016 volvió a lanzar Gatopardo Ediciones y que es objeto de esta entrada. Lumen publicó tres de esos libros pero no pueden encontrarse en la a

Puentes de ojos perennes

  Para ver que todo se ha ido, para ver los huecos y los vestidos, ¡dame tu guante de luna, tu otro guante perdido en la hierba, amor mío! (Federico García Lorca, Poeta en Nueva York)   La luna es una invitada especial en los otoños de Sevilla. Luego está el sol de las mañanas y los mediodías. Están los atardeceres indecisos. Está la noche tibia. Están los puentes, todos desplegados sobre los dos lados de la ciudad. En uno de esos lados, la vida tiene sabor a pueblo, parece que todavía van a verse, cruzando la calle San Jacinto, labriegos que recorren el camino hacia el Aljarafe y que llevan alforjas o vasijas con agua y con vino, como si estuvieran a punto de celebrar una ceremonia ritual. En el otro lado, los grandes edificios que dan lustre a la imagen de la ciudad, se yerguen fantasmagóricos, abriendo y cerrando los ojos de los  transeúntes , ojos perennes a la contemplación de un milagro que se repite año tras año.    Cruzar los puentes convierte en odisea lo que senci

Yo tuve una estrella de mar

(William Merrit Chase)  Las tardes del verano eran siempre la antesala de una noche llena de sorpresas. Recogíamos los bártulos de enseñar nuestras funciones de teatro caseras y luego nos sentábamos al abrigo del sol, esperando la caricia fresca del viento de la tarde, para poder comentar las historias del día. Esa palabra nos rondaba siempre: "historias". Había historias para todos. Historias de vecinos, de amores, de amigos, del colegio, de los juegos, de la tele, de los libros...Inventábamos historias cuando no existían en realidad. Escribíamos historias, dando un paso más, haciendo de aquello un juego permanente. Luego he sabido que existían otras familias como la mía, ancladas en torno a la palabra, los libros y las historias, pero entonces aquello era muy exótico pues ninguno de mis amigos tenía esa vocación de teatro ambulante que nosotros poseíamos. Por eso se colocaba de lado a lado del patio, amarrados fuertemente a los barrotes de hierro de dos ventanas, una tela d

Anocheceres

A veces el otoño es un cuadro de Hopper... (Room in Brooklyn) (Nighthawks) (Western Hotel) (Habitación de hotel) (Gas Station) Cuando los días se acortan y las noches se alargan vivimos una completa incertidumbre. El amanecer es tanto una amenaza como una promesa y la llegada de la noche se anticipa mostrando un largo atardecer, un crepúsculo que no se apaga. Por eso dudamos. No sabemos con certeza si entramos o salimos, si volvemos o estamos a punto de ir. Es el tiempo de las medias tintas, de las medias verdades. Resulta mucho más sencillo mentir en otoño. El verano impide la mentira porque descubre los cuerpos y cualquier señal ofrece las claves de lo que sentimos. En el invierno, la mentira estorba, nadie está dispuesto a indagar sin apenas luces y sin apenas respiro. Y ella, la primavera, tan sobrevalorada, extiende sobre nosotros la imposible esperanza de que algo se mueve incluso sin quererlo. Pero el misterio del otoño es tan acogedor

Jaurías

Jaurías organizadas, en perfecta formación, con uniformes o sin ellos. Obedeciendo una consigna que no comprenden porque no quieren pensar en ella. Basta con obedecer y seguir adelante. Jaurías en desorden, espontáneas, sin hilo conductor, envueltas en su propia dinámica, ausentes de lógica, inefables, cobardes, huecas.  Cualquiera de ellas puede romper el rastro apacible de un sábado por la noche y lograr que una ciudad se convierta en un infierno de fuego. Una tontería desencadena el terremoto y la jauría se mueve al compás de una música inflamable. Son robots que no tienen alma. Solo gritan. Las palabras se apagan y dejan de tener sentido, no se oyen, ni se pronuncian, son absurdas.  Alguien puede acudir en busca de sentido común. Alguien puede intentar que la jauría ceda en su empeño y que las cosas no se terminen de estropear. Pero la mayoría de las veces será un intento inútil, un esfuerzo baldío. Porque hay tantos pecados que redimir, tanta suciedad que limpiar, tan

Escribiéndote, escribiéndome

Si, como Kathleen Kelly y Joe Fox, has mantenido un idilio por email, entonces puedes entender el misterio de la palabra escrita y del sonido de "tienes un mensaje nuevo". En caso contrario, pensarás que esta es una película boba y que ellos no se quedan atrás. Sería inútil intentar convencerte, traerte a la religión de la cita a ciegas, del libro y la rosa en la mano o del portátil funcionando clandestinamente de madrugada. Una vez mi desconocimiento de las rutinas del correo electrónico me jugó una mala pasada y, en otra ocasión, fue una impresora atascada la que montó el lío y me dejó sin coartada. No entraré en detalles. Como dicen los famosos de la tele, no hablo de mi vida privada.  O, quizá, tan solo algunas pequeñas pistas. De cómo la escritura a distancia tiene un componente sensual muy por encima de algunas citas presenciales. Algunas de esas citas han sido horribles y capaces de descomponer a cualquiera. Lee, por ejemplo, mi texto "Cucarachas"

Dos estéticas: Mairena y Caracol

(María Pagés, el baile estilizado, la pureza) Al final de la Guerra Civil, cuando se intenta normalizar la vida en España, Manolo Caracol había dicho: “en la estampa escenificada está el camino”. Ese camino alejaría al flamenco de las malas condiciones en que estaba cuando el artista tenía que subsistir a base de asistir a fiestas que duraban hasta las tantas y por las que te pagaban una miseria...o, a veces, ni eso. Mitificaron las fiestas quiénes no sabían lo que era quedarse dormido con el hombro apoyado en una mesa de madera pegajosa de vino. Los que no sabían que el cantaor o el guitarrista pasaban días y días metidos en el cuarto sin ver a sus hijos. También había quién tenía “síndrome de Estocolmo” y hablaba de “señoritos buenos y señoritos malos”. Decidido: Manolo Caracol (no sólo él, pero sobre todo, él), tuvo claro que el teatro, el auditorio, la plaza de toros, la plaza del pueblo, tenía que seguir acogiendo al flamenco tras el paréntesis de la guerra, y aún más:

Lo nuevo de Woody Allen

Desgraciaíto el que come el pan por manita ajena siempre mirando a la cara si la pone mala o buena.  (Martinete. La Moreno) Los cinéfilos nos entendemos cuando hablamos de "lo último" de Woody Allen. Es un director prolífico y esperamos siempre la próxima película. Él también. Lo cuenta en sus Memorias. "A propósito de nada" es tanto su infancia y su adolescencia como su pasión por el cine. Además, un intento desesperado de aclarar que las acusaciones contra él, desestimadas por la Justicia, le han hecho un daño irreparable. Que esto es así lo demuestran algunas de sus películas. Desde que se volvió a poner sobre la mesa la cuestión, al calor de extremismos ideológicos que ahora están cubriendo el horizonte, Woody Allen no ha vuelto a ser el mismo director. Se acabó su libertad y se acabó la posibilidad de seguir haciendo películas cada año. Ahora, para hacerlas, tiene que "venderse". Para encontrar actores que quieran trabajar con él, para

Las manos de Henry Fonda

Siéntate a mi cabecera Fija tus ojos en los míos Entonces, quizás no muera (Soleá de Triana)  Este de la foto que toca el violonchelo es el hombre al que le comprarías un coche usado. Siempre lo creerías, dijera lo que dijera. Y nunca bajaría los ojos ante un dilema o un peligro. De frente, sí, de frente. Tuve en mi vida a un hombre así. Era de pocas palabras, tan solo hablaba cuando tenía algo que decir. Eso es algo que hace un grupo muy reducido de personas, la mayoría cacareamos. Y siempre decía verdades. Nunca mentía, aunque sabía guardarse las cosas que podían hacer daño o crear inquietud. Guardarse las cosas significaba zozobra e inquietud, pero lo prefería a que su familia o la gente cercana se sintiera mal. Ese es el secreto de la generosidad. Como Henry Fonda, el hombre que tuve en mi vida, tenía una sonrisa apenas esbozada, prácticamente nunca reía abiertamente, y, como Henry Fonda, andaba de un modo especial y tenía unas manos aladas, unas manos espléndida

Libros a la caída de la tarde

Todos los ejemplares estaban perfectamente ordenados por fecha de compra. En la primera página constaba esa fecha, el lugar en el que se había comprado y quién lo hizo. Una excelente forma de saber algo de la historia del libro. La librería (el "librerito" la llamaban las niñas) era blanca y tenía unos palillos torneados para sujetar las baldas. Estaba lacada y cogía polvo con facilidad. Las motas se posaban en las zonas que todavía estaban vacías. Una buena librería siempre tiene que dejar sitio a los libros nuevos, es así como decidieron hacerlo sin haber estudiado biblioteconomía. Los libros eran un auténtico tesoro y estaba prohibido escribir en ellos salvo las anotaciones de la primera página, o doblar las esquinas o, por supuesto, dejarlos abiertos en cualquier sitio. Eran unos libros muy especiales porque contenían las mejores historias.  Estaban las manzanas con una doncella que llevaba una pinza en la nariz y una niña bastante malvada, además de la escritora

Todo al rojo

Hay gente bastante hija de puta que te hace llorar sin que sirva de nada. Remolonean alrededor de las horas, se muestran, desaparecen, siempre quieren llevar razón, son una estampa oscura de la vida. La cuestión estaría en esas lágrimas, en qué sentido tienen, en por qué. Si sabes que son una ambulante cuchillada, deberías arriesgarte y cortar el lazo azul o rojo que te ata. Si sabes que las tardes se convierten en feos anocheceres, deberías protegerte, deberías sentarte delante de ti misma y decir, ya basta, se acabó, he llegado hasta aquí, no es esto lo que quiero. Pero te asusta el vértigo de perder lo que, en realidad, ni siquiera has tenido. Porque hay gente que nunca se conforma con estar sin clavar un agudo estilete cada vez que respiras. Pero te asusta el vacío que, en realidad, es mayor con ellos que sin ellos. Porque hay gente que nunca entiende las cosas que tú explicas y lo convierte todo en vil caricatura.  (Foto: Guy Bourdin)

Tu cara y un poema

La música suena en esta mañana y anuncia una calidez que ahora no queremos. Se despereza el día. Esta canción, esta voz, estos sonidos, me acompañan desde hace unos meses y me hacen llorar casi siempre. Pero las lágrimas no son lo peor. Lo peor es el silencio. Ese silencio que te impide escribir lo que sientes, que te impide hablar lo que deseas. Eso es lo que más cuesta. Junto a la música hay una pila de libros, de esos que ordenas de vez en cuando y que no quieres que se separen de ti. En ellos, tanta poesía como es posible. Llega un momento en que es la poesía la única voz que quieres oír. Un momento en que todo es poesía, todo se escribe en versos, o con ritmo. Recitaba poesía en los años en que mi casa era un jardín, antes de que desapareciera todo atisbo de flores. Recitaba poesía en el colegio y levantaba las manos al aire, como si quiera apresar ese tiempo, el tiempo de las rosas, cuando todavía no habían perdido su olor. Qué tendrá la poesía que me devuelve siempre a uno