Es muy difícil ser diferente


Cuando era joven, muy joven, no sabía que era guapa, atractiva, graciosa e inteligente. Antes de eso tampoco entendía que era bueno haber comenzado a leer antes de ir al colegio, hablar sin errores desde muy pequeña y tener un vocabulario fuera de lo usual. Por supuesto, me resultaba raro descubrir la solución a los problemas antes que los demás, ser más rápida en los trabajos de equipo y redactar una composición, un trabajo o un escrito, con facilidad y sin faltas de ortografía ni de expresión. Todas estas habilidades se convirtieron para mí en una carga. Porque, lejos de despertar admiración, despertaban envidia. Porque me obligaron a disimular, una y otra vez, lo que sabía, lo que era, lo que pensaba. Así, durante años y años y años, en todos los contextos y en todos los lugares. En la vida cotidiana, en los estudios, en el trabajo. 




Una vez llegó un hombre diferente a todos. Ante él no cabían disimulos. Entendía mi lenguaje, conocía mis defectos, admiraba mis virtudes, impulsaba mis ideas, respetaba mis rarezas. Era un hombre excepcional. Tan inteligente como para no tener ninguna envidia, tan bondadoso como para ser capaz de ponerse en mi lugar, tan honrado como para no apropiarse de mis ideas ni de mis invenciones. Era una rara avis. Por eso murió joven, por eso desarboló mi existencia. Por eso, desde entonces, he vuelto a disimular, a hacer creer que no entiendo, que no sé, que no comprendo. Hasta hace poco. El cansancio de la simulación ha hecho mella en mí. No me importa ya que me quieran o me comprendan, tengo que ser lo que soy y como soy. Es como si un deportista no practica deporte, a pesar de que tiene condiciones natas para ello. Todas las cosas que sé hacer y que hago bien, tienen que hacerse, de lo contrario es luchar contra la naturaleza. Y ya he luchado bastante. Ese hombre lúcido y genial fue un paréntesis. Pero ahora ese paréntesis tiene que hacerse realidad, aun sin su presencia. Es la única forma de no ser una proscrita en la vida. Se acabó pedir perdón continuamente.



(Fotografías de Genevieve Naylor)

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