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Noël Coward en el cine: Toda clase de amores


Cualquier cosa que se traigan entre manos Noel Coward y David Lean tiene que salir bien. Coward escribe historias que siempre son de cine. Y David Lean le pone ese toque mágico, esa estampa épica de personajes que son, más que nada, personas con nombre y con rostro. "Una familia con clase" y "Gente con clase" son películas hechas a partir de obras de Noel Coward y las dos puedes verlas una y otra vez sin cansarte. En la primera (Easy Virtue, 2008) están Kristin Scott Thomas y Colin Firth como los Wittaker, una pareja de la aristocracia rural inglesa que ha dejado de amarse y ha empezado a detestarse. A ese mundo inhóspito en los sentimientos llega Larita para revolucionarlo todo, hasta al servicio, del que, por cierto, ningún habitante de la parte alta de la casa conocía sus nombres. Ni la caza del zorro, ni las verduras poco hechas pueden con el peso de los sentimientos. 

En "Gente con clase" (Relative Values, 2000) está la fantástica Julie Andrews, elegantísima en su papel de Lady Marshwood, madre de un caprichoso hijo que se enamora de una estrella de Hollywood, la adorable y bastante cretina Miranda Frayle. El romance de Miranda (Jeanne Tripplehorn) con el actor de moda, Don Lucas (un encantador miembro de la saga Baldwin, William),  se rompe cuando ella quiere sentar la cabeza y convertirse en lady en una de esas mansiones inglesas en las que hace frío todo el año. De nuevo Colin Firth asoma aquí la cabeza, en esta ocasión como el sobrino de Lady Felicity, un tipo gay, simpático, cotilla y lleno de ideas aventureras. 

"Breve encuentro" es otra cosa. Una hermosísima historia de amor imposible entre dos personas que se conocen casualmente en una estación de tren. Pocos sitios más propicios para las casualidades que las estaciones de tren, esos sitios de paso, en los que puede haber miradas que nunca más se crucen. La historia que cuenta Coward se convierte en las manos de David Lean en toda una belleza formal y esencial. Ninguno de los personajes es extraordinario, pero sí lo es la forma en la que ambos, sin quererlo, pero sin huir, entablan lazos duraderos que no pueden evitarse. 


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