Vestidas de nube


(Constance Mayer. 1801. Mujer mirando un porfolio)

Por la mañana, una sencilla bata. Por la tarde, una nube de muselina. La muselina era blanca o de tonos muy claros. Los tintes en esa época eran carísimos y poca ropa venía tintada. Las capas de tela caían sobre el cuerpo de forma natural y formaban pliegues. Esa era la gracia del vestido. Para facilitar el movimiento se cosían en forma de tablones en los laterales y se recogían en la espalda. Esto se ve con toda claridad en el cuadro de Mayer. El recogido de la espalda lleva aquí un lazo. El talle alto, o de estilo imperio, desdibujaba la cintura, lo que disimulaba los kilos de más. Y el escote era amplísimo, porque los corsés eran simplemente unas bandas alrededor del pecho para levantarlo. A Jane Austen no le gustaban estos corsés ni estos escotes y se alegró cuando fueron desapareciendo. Las mangas eran cortas. La manga larga llegaría muchísimo después y fue otra innovación. Eran cortas y con un poco de vuelo, pero no abullonadas, más bien lo que sería una manga de farol para nosotros. Y los zapatos tenían que ser bajos por fuerza, no habría otra forma de moverse con tanto pliegue si llevaran tacones. Por supuesto que el pelo iba recogido y el adorno solo se refería al flequillo y a la parte delantera. Cintas de raso o seda, lazos, incluso pequeños tocados con flores y frutas. Cuando las personas se hacían mayores o cuando abandonaban la coquetería, una cofia sencilla cubría el pelo. Prácticamente nunca se veía a las mujeres con el pelo suelto. Jane Austen lo tenía larguísimo, casi hasta las rodillas, pero no se presentaba nadie en público así. Esta era la moda Imperio, que pervivió en Inglaterra incluso cuando Francia la estaba abandonando, porque el bloqueo impedía conocer las nuevas modas. Si queremos conocer todo lo contrario de esta moda, hay que irse a la época victoriana. Lo que aquí se descubría, allí se cubre. Un trasunto de la vida real.