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Ronda, con ropa prestada


Algunas ciudades nos conquistan para siempre y esta es una de ellas. Se trata de Ronda, a la que conozco muy bien porque tuve la suerte de pasar en ella quince días, cuando tenía quince años, y fui allí de monitora a un campamento de chicas. Fueron días espléndidos, a la sombra del Hogar Santa Teresa, con vistas al Tajo, con compañeras que eran una delicia, gente guapa y marchosa, y también con niñas musulmanas que me intentaron enseñar a bailar la danza del vientre. Con una de ellas, Malika, me estuve escribiendo mucho tiempo, pero perdí su dirección y me cambié de casa, de modo que perdimos el contacto. Cómo será ahora, cómo estará, por dónde andará. Los días y las noches en aquel sitio eran espectaculares. Recorríamos la ciudad entera, era agosto y hacía calor, pero nos pegábamos a las paredes de piedra para absorber el fresco. Lo conocíamos todo, lo visitamos todo, el parque, las iglesias, las calles, las obras de arte, todo lo que se puede conocer y amar. Era un sueño hecho realidad, uno más en mis ansias de salir al mundo. Perico, y su camión gigantesco de pescado, me llevó y me recogió, allí cerca de los baños árabes, y todo se convirtió en una mágica salida, en una aventura sin igual. Después de eso he vuelto a Ronda siempre que he podido, aunque no tanto como quisiera. Y esta foto es también de allí. Yo iba con mi pareja de entonces, alguien a quien apenas recuerdo por lo poco que significó y el daño que hizo, pero, como ya no quedan rencores, solo recuerdo lo agradable que era pasear vestida de hombre, con ese aire entre provocativo e inocente. 

(Foto: José Manuel Blanco. Ronda, calle de la Bola)

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"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

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