Los hermanos Austen


(William Sadler. Batalla de Waterloo. 1815)

Jane fue la séptima de los ocho hijos del matrimonio formado por George y Cassandra Austen. Los tres mayores habían nacido en Deane, la pequeña parroquia de la que era rector el padre, y los otros cuatro en Steventon, la parroquia grande en la que también regía. En Deane nacieron James, George y Edward. En Steventon, Henry, Cassandra, Francis, Jane y Charles. Una familia numerosa en la que ningún hijo murió en la infancia y cuya madre tampoco falleció al dar a luz. Ambas cosas eran frecuentes en el siglo XVIII. 

James (1765-1819), el mayor, apodado Jemmy, era un hombre reflexivo, taciturno, a quien le gustaba escribir. Su carácter agrio y casi amargado se pone de manifiesto en testimonios familiares. Andando el tiempo sería párroco y heredaría el beneficio de Steventon y Deane, ambos otorgados a su padre por su primo, el rico Thomas Knight. James acudió al St. John College y, como toda la familia, era un tory convencido. Estando en la universidad publicó una revista mensual llamada "The Loiterer", que vio la luz entre enero de 1789 y marzo de 1790. Precisamente su editor fue el mismo que comenzó a publicar a su hermana Jane, el señor Egerton. El hecho de que James escribiera fue un elemento más a la hora de no darle demasiada importancia a que lo hiciera su hermana, aunque su estilo y obras no tenían nada que ver. 

El segundo hijo se llamó George (1766-1838). Desde muy pequeño fue separado del núcleo familiar porque padecía una enfermedad psíquica que incluía convulsiones y también una especie de sordomudez. Otro hermano de la señora Austen tenía dolencias parecidas y ambos fueron atendidos desde siempre por una familia situada a pocos kilómetros de distancia. Aunque recibían visitas familiares y a veces acudían a Steventon su vida transcurrió fuera de la familia siempre. Este hijo a veces es ignorado en los comentarios biográficos que se hacen de Jane Austen. Para ella y sus familiares tuvo que ser una pesada carga porque nunca menciona las enfermedades mentales en su obra ni alude a su hermano en la correspondencia. 

El tercer hermano, Edward (1768-1852) fue siempre un tipo afortunado. Era un niño muy guapo, cariñoso y alegre, que se ganaba el aprecio de la gente de forma instantánea. Eso le ocurrió con los mencionados Knight, porque un hijo del primo rico, el señor Thomas Knitgh y su esposa Catherine, recién casados, decidieron llevarlo con ellos a su viaje de bodas. Desde ahí, en etapas intermitentes, Edward disfrutaba de un lujo inasequible a los demás hermanos, hasta que, llegado un momento, se convirtió en heredero de toda la fortuna. Es precisamente Edward el que estuvo en condiciones de proporcionar un último hogar a su madre y hermanas, la casita situada en Chawton. 

Henry (1771-1850) estudió en Oxford igual que su hermano James. Se ocupó de los asuntos de su hermana en muchas ocasiones, porque vivía en Londres dedicado a los negocios y conocía a mucha gente. Su vida era un tanto desastrosa porque no tenía demasiada vista y se metía en jaleos económicos con frecuencia. Se casó dos veces, la segunda de las cuales con la famosa prima Eliza, también viuda. 

Francis (1774-1865) y Charles (1779-1852) fueron enviados muy pronto a la Academia de la Armada Real en Portsmouth. Francis llegó a ser almirante y obtuvo el título de sir. Por su parte, Charles era un muchacho tranquilo, dulce y afectuoso, que culminó su carrera como contralmirante. Fue el único de los hermanos que asumió la costumbre militar de vivir en su barco con su esposa. 

La otra niña de la familia, la única hermana de Jane, era Cassandra (1773-1845). Tenía solo dos años más que ella y, desde el principio, estuvieron unidas y tuvieron una gran complicidad entre ellas. Compartían habitación y confidencias, a pesar de que su carácter era muy distinto. Cassandra era más recia y menos alegre, además de que tuvo la mala suerte de que su prometido muriera en las Antillas debido a unas fiebres que la dejaron viuda sin casarse. La historia de la vida de Jane está muy unida a la de su hermana y, gracias a las cartas que se cruzaron (algunas de ellas, porque Cassandra destruyó la gran mayoría) conocemos algo más de la escritora y de su forma de pensar y de vivir.