Ir al contenido principal

George Steiner en The New Yorker


La huella de George Steiner está también en los artículos que, durante años, escribió para la revista The New Yorker. La editorial Siruela, en su colección El Ojo del Tiempo, los publicó en un libro en edición de Robert Boyers. Los artículos tratan de temas diversos y tienen un denominador común: la lucidez con que Steiner se acercaba a cualquier cuestión. Un verdadero intelectual es aquel que, como en este caso, tiene una mirada propia. Esa mirada no es extravagancia ni originalidad sin sentido sino que, al contrario, bebe en las mejores fuentes y ofrece una estructura de pensamiento en la que la argamasa es la coherencia. Resulta, por tanto, de enorme interés, conocer su postura acerca de determinados temas y situaciones. Este es el sentido que tiene este libro recopilatorio. 

Desde 1967 a 1997 Steiner escribió en esta revista más de ciento cincuenta artículos. La mayoría de ellos eran reseñas, algunas más cortas pero otras de gran extensión, bastante más de lo habitual. Por supuesto, se trataba de reflexiones ponderadas y llenas de erudición a partir de textos, de autores o de ideas literarias o históricas. Una crítica de altura, como era lógica en un estudioso de su fuste. 

El libro lleva una introducción a cargo de Robert Boyers en la que se pone de manifiesto la intención de la publicación y el estilo de Steiner en sus artículos. A continuación se desarrollan hasta cuatro capítulos. El primero de ellos es Historia y política. El segundo, Escritores y escritura. El tercero, Pensadores y el cuarto Estudios biográficos. Termina con un apéndice que recoge todos los artículos escritos por Steiner para The New Yorker. 

Entre los autores reseñados y comentados están Borges, Samuel Beckett, Cline, Lévi-Strauss, Bertrand Russell, Elías Canetti, Chomsky o Graham Greene. La traductora del libro es María Condor y la edición de la editorial Siruela es de 2009. Merece la pena conocer a fondo el pensamiento de Steiner a través de sus escritos sobre escritura, una de las máximas preocupaciones presentes en su obra. 

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes