Ir al contenido principal

Esas lágrimas



Si fueras una estrella de cine tendrías en la puerta de tu mansión fantástica diez o doce cámaras para hacerte fotos a cada instante. Saldrías equipada con tu enorme sombrero, una fastuosa pamela de firma, y con tus gafas de sol Armani por lo menos. Sin duda, maquillada. Sin duda, con un bonito rouge del color de moda, fucsia este otoño-invierno. La piel dorada, por efecto de un protector solar de alta numeración y efecto pantalla, genialísimo y muy caro. Un abrigo de corte sencillo pero de hechuras favorecedoras y unos zapatos de tacón, que te hacen preciosas las piernas cubiertas con medias oscuras. En fin, una monada. 

No eres una estrella de cine. No tienes a nadie en la puerta de tu casa. Es una casa, además, no una mansión. No sales a la calle con sombrero, salvo en verano, si es que hace mucho calor o estás en la playa. Tus gafas no cubren unos hermosos ojos maquillados a la última. El lápiz de labios se desdibujó hace un rato por efecto de esas gotas saladas que van salpicando tu cara sin querer. Vas muy abrigada porque hace frío. El plumífero te abraza como si fuera un saco, apenas se distinguen las formas y las botas te hacen daño porque llevas andando mucho tiempo sin saber adónde ni por qué. 

Y lloras. Las lágrimas te arrasan por debajo de las gafas de sol. No hay sol ni nadie va a reconocerte. Así que las gafas son el recipiente de tus lágrimas, las pantallas de tus lágrimas, el cobertor de tus lágrimas, el depósito que oculta tus lágrimas para que nadie vea que lloras, que vas por la calle llorando, que no sabes por qué lloras y que no puedes dejar de hacerlo. Ay, esas lágrimas...qué inútiles, absurdas, viejas, desencantadas lágrimas las tuyas. 

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes