Emily en las cumbres


(Laurence Olivier y Merle Oberon. Cumbres Borrascosas, 1939)

Leí "Cumbres Borrascosas" cuando era una adolescente. Me pareció un libro extraño, difícil y apabullante. Sus personajes me resultaron desagradables, sus pasiones incomprensibles. Con todo, era algo infinitamente más llevadero que los "libros de institutrices" de sus hermanas. Creo que he visto alguna versión cinematográfica pero el mal sabor de boca ha permanecido. 

Durante muchos años dejé de lado a los Brontë. No me interesaban. Esa literatura, a un tiempo desgarrada y ortopédica, de un romanticismo fantasmagórico que parece entroncar con lo gótico, no me interesaba. Entretanto, tuve la gozosa experiencia de "conocer" a Jane Austen, luz versus sombras, si hacemos la comparación, que no se debería. Mi fe austeniana me alejó aún más de Brontë y sus excesos. 

Hace algún tiempo leí un libro de Espido Freire, "Querida Jane, querida Charlotte", una especie de crónica de viajes acerca de las dos autoras. Después llegó a mí (así suceden las cosas en literatura) la biografía de Charlotte escrita por Elizabeth Gaskell (contemporánea suya), una biografía casi de encargo, y también la que escribió más recientemente Winifred Gérin sobre Emily. Gérin es la biógrafa de todos los Brontë por separado. He leído otros libros sobre la familia, como "El gabinete de las hermanas Brontë", una suerte de acercamiento a través de sus objetivos, y, por fin, llegó la lectura de una de las novelas de la saga que no conocía por ser menos famosa, "La inquilina de Wildfell Hall", de Anne Brontë. 

Este libro me impresionó porque no esperaba algo así ni en estilo, ni, sobre todo, en contenido. La historia que relata es de todo menos conformista y, desde luego, tampoco me pareció romántico ni victoriana. Más bien salta por encima de reglas, normas, victimismos y buenas costumbres para abordar un tema gigantesco e intemporal: los malos tratos dentro del matrimonio. Anne Brontë es la hermana menos conocida y este libro se ha publicitado mucho menos que su primera novela "Agnes Grey". En su tiempo todos los libros de las Brontë causaron escándalo pero este de "La inquilina..." mucho más. Quizá por eso, una vez muertas Emily y Anne, y con motivo de escribir las introducciones de algunas reediciones, Charlotte Brontë quizo matizar la actitud de sus hermanas, sobre todo de Emily, cuya "Cumbres..." levantaba ampollas en la sociedad de la época. Las palabras de Charlotte sobre ellas iba en la misma línea que la biografía que el señor Brontë encargó a Elizabeth Gaskell, amiga de la familia y escritora, a la muerte de Charlotte. Una biografía edulcorada y convenientemente aderezada de buenas intenciones. 


Todo este itinerario lector ha sido necesario para ir dejando a un lado determinados prejuicios que he mantenido acerca de la familia Brontë, alimentados sin duda por la deficiente lectura que de ella se suele hacer. Aún así, el libro de Laura Ramos, escritora argentina, que se ha publicado recientemente, me parecía interesante. Ello a pesar de que algunas reseñas críticas sobre la obra, durante su periodo de promoción en España, seguían con su tergiversación de la verdadera realidad de la familia y sin arrojar la mínima luz. Después de eso, sin embargo, como suele suceder al acudir a las fuentes, otras ideas y otras sensaciones surgen al calor de la lectura. Y así he vuelto a pensar en "Cumbres Borrascosas" y en que, quizá, la personalidad de Emily explique muchas cosas que no era capaz de entender.