Con música de fado


Volamos. A través de las ventanillas del coche (de un azul oscuro, casi noche), veíamos los olivos del Aljarafe que se quedaban atrás, cruzamos la frontera, entramos cerca de la costa, visitamos Tavira, comimos en Praia Verde y, a la caída de la tarde, llegamos a nuestro destino, confiados, felices, juntos. La visita al mercado por la mañana trajo la primera pelea (qué sería de aquellas horas sin nuestras discusiones por todas y cada una de las tonterías del mundo) y luego comimos langosta y cenamos en Faro y compramos cosas que para nada servían, salvo para mirarlas ahora y recordarte. Los años felices nunca deberían convertirse en vacío sino rellenar para siempre cada hueco de tu vida. En eso tú eras un maestro. Al otro lado de la foto, ahí estabas entonces. Me gustaría verte. De qué forma me mirabas al captar la instantánea. Pero ya no es posible. Aunque te quiero. 

(Foto: Antonio Mesa. Armaçao da Pera. Algarve. Portugal)