La escritora que Emily amaba


Ann Radcliffe (de soltera, señorita Ann Ward) vivió en Inglaterra entre 1764 y 1823. Fue, por tanto, contemporánea de Jane Austen. Era hija de un comerciante y su matrimonio con un director de periódico la acercó al mundo de las letras. Fue su marido el que la animó a escribir y lo hizo a través de varios libros que alcanzaron enorme éxito. Tanto es así que la propia Jane Austen habló de uno de ellos en su novela satírica "La abadía de Northanger". Allí aparecen "Los misterios de Udolfo" que Radcliffe había publicado en 1794 y que es una de las lecturas favoritas de la protagonista, Catherine Morland, una aspirante a heroína romántica que, como el sobrino de Mesonero Romanos (ese que por ser un romántico de raza frecuentaba cementerios y vestía de negro), no tenía condiciones para ello. Ni había nacido expósita, ni era maltratada por su familia, ni era horriblemente fea, ni siquiera llevaba una vida poco convencional. Todo eso justifica el humor que la escritora desarrolla en la novela. 


No fue solamente Jane Austen quien conoció y se fijó en la obra de Radcliffe. También los Brontë, sobre todo Emily y Branwell, adoraban sus libros. Y lo hacían con enorme convicción y sin pizca de ironía. Nunca en las obras de los Brontë vamos a encontrar esa intención satírica e iconoclasta que destilan las de Austen, así que podemos asegurar que Emily adoraba a Ann Radcliffe y sus novelas. 

El esquema de estas obras era muy parecido siempre. Una jovencita adorable, sufridora y heroica, daba con su persona en un castillo lúgubre, lejano y misterioso, donde habitaba siempre un caballero de oscuro pasado. A partir de estos elementos la trama era una noria de subidas y bajadas, de sustos e impresiones, de misterios y luchas por sobrevivir, de fantasmas y espíritus que tomaban partido...Se trata de la estructura propia de las novelas góticas, que tuvieron un seguimiento extraordinario entre lectores y entre los propios escritores. Muchas de las novelas de hoy, encuadradas en esas sagas fantásticas que tanto leen los jóvenes, siguen este patrón. 

Es seguro que Emily Brontë conocía a la perfección tanto "Los misterios de Udolfo" como "El idilio del bosque" de 1791. La naturaleza solía ser otro protagonista eficaz en estas narraciones. Las tormentas, las noches de invierno, la mar embravecida, las rocas cortantes sobre las que se elevaban los castillos, todo ello contribuía a crear una especial atmósfera que a los habitantes de los páramos les resultaban cercanas y llenas de posibilidades. Por una curiosa ironía del destino, en la historia de literatura tienen un peso enormemente superior tanto la obra de Jane Austen como la de los Brontë. Todos ellos superaron con creces a Ann Radcliffe, siguiendo la consabida idea de que los discípulos superan a los maestros. 

(Fotos: edición de una obra de Radcliffe, retrato de Radcliffe en su juventud inserto en medallón)