"Ninguno de nosotros volverá" de Charlotte Delbo


La literatura de resistencia, aquella que se escribe después de un acontecimiento traumático que puso en peligro la vida y la peripecia vital, tiene momentos cumbre. El Holocausto ha generado un gran número de libros en este sentido. Los supervivientes de los campos de concentración nazis han encontrado así un modo de hacer que la memoria perviva y que su propio organismo se sacuda el horror, al menos de alguna manera. Este libro de Charlotte Delbo se publica coincidiendo con el 75 aniversario de la liberación del campo de exterminio de Austchwitz, uno de los lugares del horror que, a pesar del paso del tiempo, no deja de estremecernos y de hacernos pensar cómo es posible que haya seres humanos que llegaron a ese grado de degradación moral. Toda la historia de la humanidad está llena de momentos difíciles, de gestas heroicas y de luchas, pero el genocidio nazi y todo lo que llevó consigo la política de la solución final es, probablemente, lo que produce más horror. 

Resulta complicado de entender, por otro lado, de dónde surge esa capacidad del ser humano para atesorar recuerdos de unos tiempos tan desgraciados. Y, sin embargo, es así. Puede parecer que es una forma de lucha interna contra el olvido y la deshumanización, porque, mientras las palabras acuden, es posible mantener la esperanza de que la maldad no vencerá. Así, en esta novela, la voz de Charlotte Delbo es la voz de todas las mujeres que sufrieron la tortura y la muerte en esos campos y también la voz de los resistentes, de quienes, a pesar de que exponían su vida y sus haciendas, fueron capaces de hallar un hueco para el heroísmo. La lectura de este libro y de otros similares nos enseña que el ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, abriendo así un sendero de superación y de compromiso que no admite duda. 

Reseña de la obra (editorial):


En 1942, Charlotte Delbo fue detenida en París y encarcelada por pertenecer a la Resistencia francesa y, en 1943, deportada al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau junto con doscientas treinta presas francesas, de las que solo sobrevivirían cuarenta y nueve. El presente volumen recoge los dos primeros libros de su elogiada trilogía Auschwitz y después, en los que relata esa experiencia.

Delbo reconstruye su recuerdo a partir de breves y poéticas estampas de vida y de muerte, y lo hace en gran medida desde una voz colectiva femenina, la de todas las cautivas que, pese a haber sido desposeídas de su identidad, supieron sostenerse las unas a las otras. A partir de esa particular mirada, la autora logra encontrar palabras para lo inefable e ir todavía más allá, creando belleza donde no podía haberla. Uno de los testimonios más emotivos y necesarios de la literatura concentracionaria, a la altura de los de Primo Levi o Elie Wiesel. Sin duda, una obra maestra literaria.

Datos de la autora (editorial Libros del Asteroide):


Charlotte Delbo nació en 1913 cerca de París, en Vigneux-sur-Seine. Hija de emigrantes italianos, a los diecisiete años comenzó a trabajar como secretaria en la capital francesa. En 1932 se adhirió al movimiento de las Juventudes comunistas, y dos años más tarde conoció a Georges Dudach, muy activo en el seno del partido, con el que se casó en 1936. Un año más tarde, se convirtió en la secretaria de Louis Jouvet, entonces director del Théâtre de l’Athénée. El 2 de marzo de 1942, Charlotte y su marido fueron arrestados por las brigadas especiales de la policía francesa. Delbo fue encarcelada en La Santé, donde vio a Dudach por última vez el 23 de mayo, el mismo día en que fue fusilado. Fue trasladada a Auschwitz-Birkenau el 24 de enero de 1943 en un convoy junto con otras doscientas treinta mujeres, la mayoría miembros, como ella, de la Resistencia.
A principios de 1944 fue trasladada de nuevo, esta vez al campo de Ravensbrück, y en abril de 1945 fue liberada, después de veintisiete meses de cautiverio. De las doscientas treinta mujeres del convoy que llegó a Auschwitz, regresaron cuarenta y nueve. Unos meses después, mientras se recuperaba en un sanatorio suizo, Delbo comenzó a escribir Ninguno de nosotros volverá, que se convertiría, veinticinco años más tarde, en el primer volumen de la trilogía Auschwitz y después. En 1947, comenzó a trabajar para la ONU en Ginebra y vivió en Suiza doce años. A su regreso a París trabajó para el CNRS como asistente del filósofo Henri Lefebvre, a quien había conocido en 1932. Allí falleció en 1985, a los setenta y dos años.

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