"Las cartas de Chawton" Jane Austen


Descubrir cosas sobre Jane Austen es un extraño placer que sus lectoras consideramos, además, un golpe de fortuna. Sabemos que era una gran escritora de cartas, incluso algunas de sus novelas comenzaron siendo epistolares y tiene una obra maestra del género ("Lady Susan"). Muchas de esas cartas, las que no se destruyeron, están publicadas. En este caso Kathryn Sutherland, profesora de Bibliografía y Crítica Textual en la Universidad de Oxford, ha escogido una selección de ellas y las ha contextualizado, comentado y glosado. Eso es lo que es este libro, recién editado por Alba Clásica. 
Son trece cartas, doce de las cuales proceden del Jane Austen`s House Museum, y una de la Jane Austen Society. 

Las cartas, en el tiempo de Jane Austen, eran el modo de comunicación más usual después, claro está, de la tertulia cara a cara. Tardaban su tiempo en llegar pero servían para mantener los lazos familiares  y amistosos. En una familia tan numerosa como la de los Austen, ocho hijos, las cartas eran el testimonio de lo que ocurría y también la manera en la que los hijos, sobrinos y demás familiares se ponían en contacto los unos con los otros. La madre era una gran escritora de cartas, como también algunos de sus hijos, para los que la habilidad narrativa era una cualidad familiar. Algunos de esos hijos estaban desperdigados por el mundo. En realidad, solo Jane y Cassandra, las dos hermanas, mantuvieron la convivencia toda su vida, aunque, incluso en este caso, había períodos de separación, cuando pasaban temporadas con otras personas, lo que era muy frecuente en la época. Algunos de los hombres de la familia fueron militares y estuvieron destinados en el extranjero. Otros, cambiaron de ubicación en función de los avatares de fortuna y los casamientos. En todos los casos las cartas eran el nexo de unión, el elemento que hacía de argamasa de la vida. 

En relación con las trece cartas que el libro contiene, y también con el resto de la correspondencia de Austen, hay que señalar algunas curiosidades que, lejos de ser anecdóticas, se constituyen en importantes elementos de contextualización de las mismas. Por ejemplo, la economía del papel. El papel era caro. Inglaterra vivía en guerra y así se mantuvo la mayoría de los años de vida de Jane Austen. Esto hacía que el ahorro fuera un elemento fundamental en la maquinaria familiar. Una familia como la suya, sin demasiadas alegrías monetarias, necesitaba controlar los gastos al máximo. Por ello, Jane Austen aprovechaba el papel hasta el extremo, haciendo casi ilegible el contenido de las cartas, salvo para ojos avisados, como los de Cassandra, por ejemplo. Una letra hermosa y regular, de la que presumía, ocupaba el máximo espacio disponible, e incluso, se escribía en varias direcciones. Esto mismo lo hace Jane Fairfax en "Emma", cuando escribe las cartas semanales a sus parientes, las Bates. Tampoco existían los sobres así que se aprovechaba para escribir incluso el doblez del papel en el que se ponían las direcciones. Todo un prodigio de orfebrería. 


Escribir una buena carta requería varios días, por eso los acontecimientos que narra son amplios y detallados. A veces una novedad cambiaba el curso de la vida cotidiana y la carta se resentía. En la carta que Jane Bennet escribe a Elizabeth cuando esta pasa unos días con sus tíos los Gardiner cerca de Pemberley, la terrible noticia de la huida de Lydia con Wickham interrumpe el apacible desarrollo de la carta. Esto indica que Jane la escribió en varias jornadas y que el hecho la cogió con el texto a medio escribir. Las buenas cartas tenían muchas lecturas. Solía producirse una reunión en torno a las mismas, donde estaban vecinos íntimos, familiares y amigos. La persona que leía enfatizaba los párrafos y le daba una dimensión casi teatral. En "Emma" hay dos tipos de cartas que suscitan la atención de todos. Las de Jane Fairfax, ya mencionadas, y las de Frank Churchill, que anunciaba una y otra vez su intención de ir a visitar al señor Weston, su padre, y a su nueva esposa, la antigua señorita Taylor, institutriz de Emma. 

Las cartas servían, asimismo, para deshacer entuertos, para dar explicaciones engorrosas y para disculparse por las malas acciones. En las novelas de Austen las cartas cambian el curso del argumento porque, cuando llega una situación límite que pone a los personajes a prueba, una carta puede clarificar el terreno y devolver las aguas a su cauce. En "Orgullo y prejuicio" la carta que el señor Darcy escribe a Elizabeth después de que esta rechace su propuesta matrimonial es un prodigio de efecto sorpresa. Después de describir cada una de las razones que ella ha aducido en su rechazo, pasa a narrar los acontecimientos como ocurrieron y no como ella ha pensado que ocurrieron, lo que le da un plus de verosimilitud a los hechos que hace modificar el pensamiento de Elizabeth, aunque en principio no lo reconocerá. 

Se trata de textos llenos de cursivas, de palabras con doble sentido y de relatos ocultos, de intrahistorias y de cosas que se dicen sin decirse. No todos los oídos lo captan a la perfección, sino que hay varios estadios en los oyentes de las cartas. Algunas frases son para iniciados. La señora Elspeth Mcgillicuddy, desafortunada testigo presencial de un asesinato en la novela de Agatha Christie "El tren de las 4,50", escribe una carta de este estilo a la señorita Marple y usa y abusa de las cursivas  y los subrayados, algo así como un código secreto. De modo que leer o escuchar la carta no siempre garantiza su comprensión completa. Sin embargo, el hecho de que hubiera conciencia de que serían muchos los lectores, hace que Jane Austen use la ironía y una especie de ocultación acordada para hacer llegar a Cassandra, su lectora privilegiada, la realidad de lo que quería contar, sin ofender demasiado al resto del auditorio. Quizá las cartas destruidas eran las más evidentes, las que más claridad tenían en sus referencias a los familiares y a hechos concretos. 


De las trece cartas que se recogen en la obra hay once que escribió Jane Austen, un que pertenece a James Stanier Clarke y otra de Cassandra Austen. Las cartas de Jane cuentan su estancia en Bath, sus viajes a Londres y datos referentes a algunas de sus novelas, lo que las hace muy interesantes. La carta de Cassandra es muy triste porque se escribió días después de la muerte de la escritora, un episodio especialmente duro que, incluso después de tantos años, a sus lectores nos cuesta leer. El título "Las cartas de Chawton" es bastante convencional y alude a la última casa en la que vivió la familia, reducida ya a la madre, la hermana y una amiga, además de Jane Austen. Chawton Cottage es la casa del sosiego, la que acoge sus últimos años tras el trasiego de Bath y algunos tiempos de domicilio irregular en busca de un paraíso donde asentarse. Este era también el destino de las mujeres solteras que dependían de sus parientes varones.

La lectura de estas cartas nos sabe deliciosamente, mucho más por cuanto se anteceden de una explicación que las pone en su contexto y situación, lo que resulta muy conveniente e ilustra de una manera adecuada la comprensión de lo que se cuenta y del tiempo y modo en que se escribe. Por eso es un libro que gustará a las lectoras de Austen y a todos aquellos que valoran el arte de escribir cartas y el arte de saber leerlas.

Jane Austen. Las cartas de Chawton. Kathryn Sutherland, ed. Alba Clásica. Traducción de Marta Salís. Edición de octubre de 2019. 

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