Lillian Bassman: La mujer oblicua


Lillian Bassman convierte en poesía sus imágenes. Es imposible no sentirse arrebata por esta alternancia lírica de negros y blancos, de luces y sombras. Las mujeres de Bassman vuelan, están suspendidas en el aire, se alejan de nosotros para encerrarse en una cápsula de misterio que no podemos asir. Sus ojos semicerrados, sus manos ocultas, su gesto incontrolable, su postura lanzada hacia el exterior, desprendida, desequilibrada, rompen los espacios y los conmueven, generando tanta admiración como duda. Por qué estas mujeres solo muestran una parte de sí mismas, es la pregunta que nos hacemos. 

El resto de los personajes son solo atrezzo, accesorio sin mayor valor, gente sin importancia. Ni siquiera parecen completos, sino a trozos, una mano, un rostro, una copa, una mesa, un teléfono. Todos los objetos y las personas que las rodean están al servicio de esas mujeres, como también lo están sus atuendos, sus mágicos sombreros, sus extrañas envolturas a modo de telas estructuradas, sus joyas...

Hay tres elementos básicos en su obra, sobre todo en los años que dedicó a la fotografía de moda: el uso del blanco y negro como lenguaje; la textura de sus fotos y los encuadres geométricos. La fotografía de moda ha sido muchas veces rechazada en determinados ambientes, considerándosela demasiado frívola. Hay una corriente de verismo que cree que esta fotografía es demasiado artificial. Sin embargo, hay muestras extraordinarias de arte fotográfico en ella y una de esas muestras evidentes es la obra de Bassman.

Nació y murió en Nueva York, de padres emigrantes, judíos ucranianos. Vivió muchos años, pues murió a los 94 (1917 a 2012). Su historia de amor con el también fotógrafo Paul Himmel llama la atención pues fueron matrimonio durante 73 años y habían vivido juntos otros seis más. La revista Harper`s Bazaar tiene sus principales colecciones, aunque a su muerte se descubrieron muchísimas fotografías inéditas que no habían visto la luz, todas ellas en esta línea de blanco y negro. Sin embargo, también conoció y practicó el color. Tuvo un estudio propio desde el que abordó otras temáticas. Fue también pintora y diseñadora.

Las imágenes de Lillian Bassman te sugieren algo etéreo, volátil, casi sobrehumano, fuera de la realidad, un sueño, la imaginación perfecta. Volúmenes y movimientos se aúnan para darle a las fotos una delicadeza inusual. Los vestidos complementan a las modelos de una forma original, casi inhibricados en lo que ellas son, formando parte de su esencia de un modo total. Los encuadres siempre están inscritos en figuras geométricas, rombos, rectángulos, cuadrados, y las miradas tienen su propio lenguaje, su propia forma de expresarse y decir. La mayoría de las veces es un sola figura el centro de la obra, pero en ocasiones hay diálogo entre varios cuerpos y entonces el aire discurre entre ellos como si tuviera relieve la fotografía. La perspectiva utiliza los distintos planos en blanco y negro para mostrarse. Los escorzos sacuden la intención para mostrar vulnerabilidad, duda, interrogación o sensualidad.


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