Ir al contenido principal

"Extranjeros, bienvenidos" de Barbara Pym

  Barbara Pym es una mujer excelente y una escritora excelente. Nació en 1913 y murió en 1980. Aunque publicó varias novelas en vida, lo cierto es que dejó una maleta con inéditos que van saliendo poco a poco. Algunas editoriales, entre ellas Gatopardo Ediciones, están realizando una encomiable labor de recuperación al respecto. Así ha publicado los tres libros que he leído de ella: Mujeres excelentes, Algo menos que ángeles y Amor no correspondido. Este último es mi favorito y publicación original tuvo lugar en 1961. 

   En "Un poco menos que ángeles" se cuenta la historia de Catherine Oliphant, escritora, cuyo noviazgo con un atractivo antropólogo llamado Tom Mallow entra en fase pantanosa cuando él conoce a una joven estudiante, Deirdre Swan. Para que haya cuarteto se añade al grupo otro antropólogo, un tipo de carácter bastante raro, Alaric Lydgate. No solo hablamos de enredos amorosos sino de esas argucias, artimañas y envidias que se mueven en el mundo de la investigación y la universidad a la hora de conseguir algún premio o alguna beca. Nada nuevo bajo el sol y eso que el libro fue publicado por primera vez en 1955. Hay un retrato del mundo académico que no tiene desperdicio y que está de plena actualidad. Podíamos resumirlo con la frase "no es oro todo lo que reluce". Debajo de las imponentes fachadas de catedráticos y eminencias se esconde la mediocridad y la petulancia. Tantas veces nos encontramos con sabios humildes y con prepotentes ignorantes. Lo que se dice "listos incompetentes" en versión Vivian Ward.

  Otro de los libros que he mencionado es "Amor no correspondido". Aylwin Forbes es un "libertino", un tipo muy atractivo, casi en la cincuentena, guapo a rabiar, inteligente, dotado de ese aura intelectual que gusta a todas las mujeres sin excepción. Hacerle un favor a alguien así te sube la autoestima. Que alguien así se fije en ti te convierte en un ángel alado. Eso piensa la pobre Viola Dace, enamorada de él, súbdita suya, que le organiza los libros y lo hace sin cobrar, como si fuera un gran honor para ella. Así lo pensó, en su momento, su esposa, Marjorie, que, de todas formas, ha perdido toda la ilusión por alguien que, por muy guapo que sea, no le aporta nada más que sinsabores. Por eso viaja en tren y mejor en la zona cara porque "nunca se conocía a nadie interesante viajando en segunda". Así lo piensa Laure, la joven sobrina de Dulcie, que vive en las madrigueras de jóvenes que convierten algunos barrios de Londres en el paraíso de la modernidad de los años cincuenta.

   Dulcie acaba de ser abandonada por su novio, Maurice, quien, bajo el pretexto sobado y falso de que no está a la altura de ella, la convierte en una mujer sola. Lo que resulta muy difícil. El paso siguiente, cuando sea más mayor, es convertirse en una mujer invisible. Y de ahí, una mujer cascarrabias, una mujer detestable, una mujer absurda. Esta novela está llena de mujeres abandonadas o rechazadas. Viola, Dulcie, Marjorie, la feligresa que pone en peligro su reputación al confesarle su amor a Neville Forbes, la señora Forbes, la señora Beltane... Pero esas mujeres no dejan de pisar la calle, aun con su poco favorecer atuendo de traje de tweed, zapatos bajos y sombreros de fieltro oscuros. Solo si eres una mujer amada y rodeada de hombres que te admiran te puedes permitir un "frívolo sombrerito de terciopelo rosa".

   El tercer libro que he citado de esta autora es, seguramente, el más conocido y valorado, el que describe un concepto que está presente en toda su obra y el que manifiesta un estilo más propio y original. Se trata de "Mujeres excelentes". Mildred Lathbury es una mujer de treinta y tantos, sensata, agradable y sin pájaros en la cabeza. La llegada del matrimonio Napier a su vida, en forma de inquilinos de la casa de al lado, con los que tiene que compartir el baño, pone en jaque muchas de sus actitudes y convicciones y, sobre todo, le da mucho que pensar y que hacer. La forma en la que ella, que trabaja en un servicio del gobierno para ayudar a personas necesitadas, se define, es toda una declaración de intenciones: "Me apresuraré a añadir que no me parezco en absoluto a Jane Eyre, quien debe de haber hecho concebir esperanzas a tantas mujeres feas que cuentan su historia en primera persona"

   Los Napier, Helena y Rockingham, traen consigo a un amigo, para quien Mildred es, en un principio, "una mujer que prepara tazas de té". Se trata del antropólogo Everard Bone, un tipo que vive con su estirada madre y que necesita una dosis de realidad para dejar de ser tan estricto. Además de ellos, sale el párroco de la Iglesia de Saint Mary, el señor Julian Malory, algo casquivano a juzgar por su intención de casarse con la viudad (casi alegre) Allegra Gray, y su hermana, Winifred, a quien le gustaría mucho que la boda fuera con la propia Mildred.

      Esta novela, "Extranjeros, bienvenidos" es anterior en su escritura a todas las citadas. Se trata de una novela de su primera época, que se recupera como suele ocurrir, cuando ya la escritora forma parte del conocimiento de un importante número de lectores. Esa recuperación a la que hemos aludido nos presenta el caso de un matrimonio, el formado por Cassandra Marsh-Gibbon y su presuntuoso marido, un escritor llamado Adam, entre los que existe el precario equilibrio que refleja la autora en otros libros y que contrapone a una mujer inteligente y sensata con un egocéntrico marido que solo ve en ella a alguien que está obligado a proporcionarle una vida hogareña que sustente, con la mejor de las intenciones y la mayor sabiduría, su propia vida social y profesional. El aburrimiento de Cassandra va en paralelo al de otras mujeres posteriores en la narrativa de Pym y debió ser un hecho que ella conoció de primera mano en la clase social en la que se movía, de otro modo no se explica la reiteración del tema, aunque siempre con situaciones distintas y con ingeniosos giros argumentales. Un extranjero, alguien que aparece de improviso y que no forma parte del cuadro supuestamente idílico en el que la pareja se mueve, cambiará las piezas, el punto de vista y será el acicate o quizá el estímulo, para que Cassandra emprenda ese camino de autoconocimiento y de reivindicación que tanto le gustaba a Barbara Pym y que califica a todas sus excelentes mujeres.

 Extranjeros, bienvenidos. Barbara Pym. Gatopardo ediciones. Junio de 2019. Traducción de Irene Oliva Luque. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante"

(Aibileen Clark con la niña a la que cuida, Mae Mobley Leefolt en Criadas y señoras, 2011) Una frase puede valer tanto como un tratado. La mayoría de los que escriben darían oro por una buena frase. Las frases son como las ideas: lo más difícil de hallar, lo más fácil de plagiar y lo más duradero. Una buena frase representa un logro para el que la escribe o pronuncia. Detrás de una buena frase siempre hay una idea valiosa. Y, además, una buena frase te hace pensar en cuestiones que merecen la pena.  La película Criadas y señoras (The Help, 2011, de Tate Taylor) incluye esta frase en boca de la criada negra de la niñita blanca: "Tú eres buena, tú eres lista, tú eres importante" . La criada negra no ha estudiado psicología pero ha criado ella sola a diecisiete niños. Todos ajenos. Todos blancos. Resulta incongruente cómo en esta película ( y supongo que también en la realidad que retrata) las mujeres blancas dejan a sus preciosos hijos blancos en manos de criadas

"El placer de vivir sola" de Marjorie Hillis

Para quienes piensen que este es un libro más de esos de autoayuda que nos tienen cercados hace tiempo basta fijarse en el año de su publicación original, 1936. Marjorie Hillis (1889-1971) es una pionera en todos los sentidos. Su trabajo en la revista Vogue la puso en contacto con mujeres que, como ella, llevaban las riendas de su vida. La publicación del libro obtuvo un enorme éxito. Es verdad que ella terminó saliendo del círculo de solteras independientes a las que iba dedicado: se casó en 1939. Pero eso no significa nada, salvo que esperó a casarse el momento en que encontró al hombre adecuado. Este resultó ser Thomas Henry Roulston, viudo y propietario de algunas tiendas en Brooklyn. El matrimonio duró diez años pues su marido murió en 1949.  Hillis, que llegó a ser editora asistente de Vogue, era hija de un pastor congregacional y estudió en un colegio para señoritas en New Jersey. Después del éxito de este libro escribió otro dedicado a los negocios que podía emprend

Hombres solos, hombres solitarios

Presumes que eres la ciencia y yo no lo entiendo así porque siendo tú la ciencia no me has comprendido a mí. (Soleares. Juanito Mojama) ✿✿ En los tiempos del Oeste americano, que tanta literatura ha creado y, sobre todo, tanto cine, los hombres cargaban sobre sus hombres el peso de la valentía. Ser cobarde era un oprobio. Ningún cobarde podía sacar adelante a su familia, ni mantener sus tierras, ni vivir con dignidad. Pareciera que la valentía era la moneda de curso legal. Y, sin embargo, el cine nos cuenta que los valientes o los dignos eran la excepción. Más bien hombres solos, a veces también solitarios, que, llegada la hora de la verdad, se encontraban en la más estricta y descarnada soledad. Los guionistas de los westerns eran, como se ve, grandes conocedores de la naturaleza humana, bastante más que la propia señorita Marple que decía siempre, comparando a la gente que conocía con la de su pueblo natal Saint Mary Mead, que "es la misma en todas partes